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El asesor internacional en industria aceitera, el ingeniero industrial Horacio Abad, dijo que el futuro para esta industria tiene grandes perspectivas de crecimiento  porque la demanda de proteínas en el mercado internacional no para de crecer.

Consideró que la mejor manera de dinamizar las zonas agrícolas más alejadas de los puertos es con la creación de pequeñas plantas aceiteras que procesen la producción en origen y dinamice el entorno en donde se desarrolla esa industria.

 Con  47,6 millones de toneladas, Argentina podría convertirse en el tercer procesador mundial de semillas oleaginosas en el ciclo 2015-2016, detrás de la Unión Europea y Brasil, y superar a Estados Unidos y China, según estimaciones de la consultora internacional Oil World. Para el consultor internacional de la industria aceitera de la ciudad, el ingeniero industrial Horacio Abad, las condiciones para el sector a mediano y largo plazo son muy buenas.  “La industria aceitera argentina tiene un futuro promisorio,   a los países que antes comían arroz ahora les gusta la carne. China es el mayor importador de harina de soja, y esto no es porque coman tanta soja, lo que comen es carne de cerdo y de pollo, que son alimentados con harina de soja. Esta demanda va en aumento y en mi opinión por ahora no hay ningún riesgo de recesión”. “El único riesgo que tenemos es que los precios se mantengan bajos. Pero eso no se da por una caída en la demanda sino por un incremento en la oferta de porotos, han sembrado soja hasta en las masetas. Argentina también aumentó mucho su producción, aunque luego nos estancamos”, aseguró. “Si bien los industriales siempre están disconformes, y la gente de campo también, a veces con razón, esta vez con la baja en las retenciones y un dólar más competitivo, se revirtió la situación de pérdida en la que estaba el sector”, dijo. Abad aseguró que hay un contexto económico favorable a nivel nacional y una demanda internacional atractiva, que genera una dinámica diferente en la industria aceitera, que le permitirá comenzar a pensar en proyectos de inversión a largo plazo.  “Hay un poco más de seguridad. Hay medidas que se tomaron, que si bien no son muy populares, como por ejemplo la posibilidad de importar soja de Paraguay, ayudan mucho a la industria aceitera, porque el complejo aceitero argentino tiene una capacidad superior a la producción de soja del país”, explicó. “Esas grandes plantas que procesan 20 mil toneladas por día tenían el problema que al no conseguir soja en el mercado local, se veían obligadas a parar por un largo tiempo y sus costos fijos subían. La única manera que tenían de poder bajar esos costos era mediante la importación de porotos de Paraguay, que tiene mucha soja pero no tiene capacidad de molienda y lo único que pueden hacer es exportar granos”, dijo. “Entonces les ofrecieron a los industriales de ese país exportar aceite de expeller y le dijeron  nos traen la soja a nosotros, le cobramos el fasón del procesamiento y luego la exportan, utilizando nuestros puertos y nuestros mercados. Este trato hizo que las aceiteras tuvieran menos tiempo disponible en la planta, bajaran sus costos fijos y lograron alcanzar un equilibrio y ser más competitivas”. Luego del conflicto del campo en 2008, el gobierno cerró las importaciones temporarias y ese sano equilibrio que se había logrado en la industria aceitera, se rompió.  “Al reanudar esa importación temporaria de soja del Paraguay, en el complejo aceitero del Puerto General San Martín (departamento San Lorenzo, provincia de Santa Fe) deben estar muy contento con la medida, porque si bien ellos ya tienen un margen de ganancia, el hecho de reducir sus costos, les incrementará las utilidades y les permite a la empresa pagar un poco más el valor de la materia prima”. No obstante, la industria aceitera enfrenta un nuevo problema que es la baja de la proteína de la soja, por el deterioro de los suelos y falta de cuidados. “Esto produce que haya mermas a la hora de exportar, porque la tonelada de harina de soja se paga por contenido proteico, que en Argentina bajó medio punto”, sostuvo. Al ser consultado respecto a cuál será el rol que ocupará la industria aceitera en la generación de empleo en la agroindustria argentina, o si seguirá apuntando a la tecnificación de su proceso productivo, Abad manifestó que: “la industria aceitera nacional es la más importante del mundo. Las fábricas argentinas están a la vanguardia mundial y tenemos firmas  como Hitec S.R.L que son desarrolladoras de tecnología para el complejo aceitero y son ingenieros argentinos, que están en Buenos Aires y trabajan en todo el mundo.  Hoy como se globalizó todo,  se consiguen piezas de distintas partes del mundo para armar una fábrica y como resultado se bajaron los costos para la puesta a punto de una planta, que antes era muy cara”. En cuanto a la generación de riqueza para el país, el ingeniero industrial dijo que: “La diferencia entre exportar una tonelada de soja a una tonelada de harina de oleaginosa, es monstruosa. Si nosotros nos dedicáramos a vender soja al mercado externo, se vendería más barata al precio que se compra en el mercado interno. Hoy el país exporta el 10 por ciento de lo que se produce, como poroto de soja, lo demás se procesa con destino a la producción de   aceite y expeller. Somos el mayor exportador mundial de aceites  y el  tercero lugar en exportación de harina”, resaltó.

Asimismo, consideró que “nuestro país tendría que dejar de exportar harina de soja, para convertirla en alimento balanceado con el fin de agregar más valor”. En tanto, se refirió a que la infraestructura vial y ferroviaria, para poder brindarle más competitividad a la industria “aún está muy atrasada y la principal incidencia en los costos son los fletes”. Aconsejó que la mejor manera de poder dinamizar la agroindustria en zonas alejadas a los puertos, es “construyendo pequeñas plantas aceiteras que contribuyan a mejorar el entorno, al proporcionar alimentos y trasladar el aceite al puerto y no el poroto”. Puso como ejemplo el impacto positivo que generó el funcionamiento de la aceitera del Parque Industrial, “generó todo un bienestar en el entorno, porque antes se llevaba un camión de soja a Rosario y luego si se necesitaba harina para darle de comer a los animales, había que traerla de Rosario, en cambio ahora se puede llevar la soja para ser procesada a la planta del Parque Industrial y conseguir harina bajando los costos significativamente”. No obstante, consideró la importancia de poder reflotar el ferrocarril de carga y sobre todo el transporte fluvial como una forma de abaratar costos de la agroindustria.

Fuente: diarioelargentino.com.ar, 20/02/2016 





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