Nacionales
@saganews
Institucionales Nacionales Internacionales
     

CREA hizo su congreso tecnológico en tres sedes distintas. Los riesgos empresarios estuvieron en foco, pero también las grandes oportunidades.

Como en una película en la que todo se detiene por unos segundos y una cámara flota entre objetos y protagonistas para aportar distintas perspectivas, así, del mismo modo, productores, asesores y empresarios agropecuarios que asistieron al Congreso Tecnológico CREA pusieron en pausa sus preocupaciones por los precios de los granos, los excesos de agua, la inflación y el dólar agropecuario estancado, para pensar el futuro de la actividad que tiene a la evolución tecnológica como punta de lanza.

Con disertantes en simultáneo desde Santiago del Estero, Rosario y Mar del Plata que seguían alrededor de 2.800 asistentes a través de las pantallas instaladas en cada lugar (por primera vez utilizó esta modalidad) el mensaje estuvo centrado en que el desafío de producir alimentos es muy grande, por lo que medir para cuantificar el contexto y detectar problemas resulta clave para poder dar el salto sobre bases más seguras.

“Hay que medir los riesgos, tomar envión y dar el salto”, apuntó el presidente del congreso Francisco Lugano, en la apertura. Para Lugano, “el salto debe ser en conjunto con la comunidad”, para que el progreso sea “sostenible” en el tiempo. En este sentido alentó a tener “las tranqueras bien abiertas para dar el salto transformador”. En una misma línea, el coordinador técnico del congreso, Federico Bert, destacó que hay muchas tecnologías que están en plena gestación, pero “hay que saber usarlas bien”.

Desde Rosario, el profesor experto en agronegocios de la Universidad de San Pablo Marcos Fava Neves, analizó el contexto internacional en el que se da este desarrollo de nuevas tecnologías. Y puso a la India como ejemplo. “Quedé absolutamente impresionado con lo que viví allí, porque no es como en China, donde hay un control de natalidad. En India nacen 1,5 millones de personas por mes y se inaugura un Mc Donald’s cada dos semanas”. En este sentido, apuntó a la demanda de alimento que se avecina: “El año pasado, India empezó a implementar un programa de distribución de alimentos para personas pobres que requiere 60 millones de toneladas de granos”.

El líder del grupo de ecofisiología de cultivos del Instituto de Investigación y Desarrollo del Sur de Australia, Víctor Sadras, cuantificó de manera drástica un mundo con o sin tecnologías. “La existencia de una población mundial de más de 7.000 millones de personas está íntimamente ligada al modo de producción dependiente de agroquímicos, sobre todo herbicidas y fertilizantes, y una hipotética reversión hacia un modo de producción sin agroquímicos reduciría la capacidad de carga del planeta a unos 3.000 o 4.000 millones”.

Para Sadras, la adopción de tecnología es un curso inevitable, aunque consideró que a veces “las tecnologías solucionan un problema pero pueden generar otros, como ocurre con el nitrógeno que termina en la napa freática en lugar de terminar en el trigo”.

El investigador del Grupo de Estudios Ambientales del Instituto de Matemática Aplicada de San Luis (Conicet), Esteban Jobbagy, llamó a repensar el concepto de huella hídrica. Esto es, cuánta agua se utilizó para obtener una unidad de producto. “No vale lo mismo el agua que permitió producir un litro de leche usando alfalfa regada en Mendoza que producir maíz picado y pasturas de secano en la Cuenca del Salado”. En este último caso explicó que el uso conservador del agua causa problemas serios, como niveles freáticos elevados, anegamientos o ascenso de sales.

“Ahí no se necesita ahorrar agua de lluvia, hay que usarla exhaustivamente como la hacían las pasturas nativas que reemplazaron con cultivos anuales”, dijo.

Durante el congreso hubo también interesantes exposiciones sobre las tecnologías productivas del futuro como también las vinculadas a la gestión de las empresas. Con dos días intensos de charlas, los empresarios se llevaron un concepto central: la adaptación al cambio será gracias a la incorporación de tecnologías que permitan producir más y también medir, para tomar decisiones acertadas que impacten bien en el bolsillo, en el ambiente y la sociedad.

El peso de las ideas

“La biotecnología aplicada al agro es central para el futuro de la actividad, pero sobre todo en lo que tiene que ver con la producción de alimentos de calidad”. El concepto pertenece al Ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación, Lino Barañao, que a través de un video dejó su mensaje durante el Congreso Tecnológico Crea. “Tenemos que mostrar que gracias a la biotecnología se producen alimentos más saludables y Argentina puede ser pionero, como lo fue con la siembra directa o el silobolsa”.

Barañao ponderó la mejora genética, “sea tradicional o a través de transgénesis”, y resaltó el uso de dispositivos de agricultura de precisión para hacer un uso más racional y eficiente de fitosanitarios. También advirtió que hay que discutir cómo pagar la propiedad intelectual. “Es un tema que ha cambiado porque antes éramos importadores de propiedad intelectual, pero ahora somos un país que la genera y nadie puede hacer la vista gorda en esto”, dijo.

Vale recordar que el ministro participó del equipo que en el 2002 logró el nacimiento de Pampa, la primera ternera clonada de Iberoamérica, modificada genéticamente para la producción en leche de hormona de crecimiento humana. Finalmente, destacó la necesidad de acercar las nuevas tecnologías a los productores, para que puedan usarlas adecuadamente.

Fuente: Clarín Rural

Documento sin título
 
Capacitación ASAGA
Próximos eventos
inocuidad alimentaria

Publicaciones