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El Conicet y la UNT son los propietarios de la patente, y la Estación Experimental de la tecnología final (ISDV). El producto llevará el logo de las tres instituciones.

Los bioinsumos para uso agropecuario constituyen una de las insignias de la “nueva agronomía” vinculada con la biotecnología: se trata de bacterias y sustancias producidas por ellas u otros microorganismos -como los hongos- que ofrecen múltiples usos, desde inocular las plantas e inducirles una mejor defensa (vacunas vegetales), hasta ayudarlas a fijar de modo simbiótico el nitrógeno y fomentar el crecimiento vegetal. En este campo, la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) ocupa un lugar destacado -junto con otras instituciones académicas y de investigación-, aportando investigaciones cuyos resultados están por ser aplicados por empresas privadas y lanzados al mercado.

Según explicó Atilio Castagnaro, jefe de la sección Biotecnología de la Estación Experimental, “la agronomía no es estática, como tampoco lo son otras ciencias como la medicina o la ingeniería, sino más bien un proceso antes que un estado”. “Nos hallamos hoy en un lugar distinto a cinco años atrás o al que ocuparemos dentro de cinco años; ante este panorama, es determinante el rol que han empezado a jugar -o deberían jugar- los llamados bioproductos o bioinsumos para uso agropecuario”, remarcó Castagnaro.

Los bioinsumos -antes llamados “inoculantes”- son normalmente bacterias que ayudan a la fijación simbiótica de nitrógeno. Esas bacterias están en la rizosfera (parte del suelo junto a las raíces), donde establecen una simbiosis y colonizan a la planta. Aunque viven a expensas de ella, le dan beneficio, ya que no se trata de parasitismo o patogenia con daño para el vegetal, sino de una simbiosis o mutualismo. Leguminosas importantes como la soja y el poroto, y la caña de azúcar, entre otros cultivos, se beneficiarán con esta tecnología.

Sostenibilidad

En la nueva agronomía surgieron hace unos años como una forma de ir reduciendo la fertilización nitrogenada a base de urea que se aporta al suelo y que proviene de la química del petróleo. En suelos deficientes de nitrógeno, sabemos, los vegetales crecen con menos biomasa, entre otras deficiencias. Producidas de forma industrial, estas bacterias se aplican a las semillas a través de procesos agronómicos y luego, favorecidas por coadyuvantes, ingresarán a las semillas cuando empiecen a germinar.“Con este tipo de productos se puede instrumentar una tecnología de cultivos orgánicos, pero no creemos en una agricultora orgánica per se. Además se estaría dentro del concepto de “vacuna vegetal” cuando el bioproducto aumenta las defensas de la planta; inclusive, hay algunas sustancias que, además de eso, promueven el crecimiento vegetal. Sí creemos en el aumento de la sostenibilidad y ésta es una de forma de aportarla.

Colaboración

Agregó que la Eeaoc trabaja en el proceso previo -como siempre- y genera el conocimiento que luego habrá que desarrollar. A veces ese desarrollo lo concreta la propia Eeaoc o bien lo hace en colaboración con empresas privadas. “Nuestros descubrimientos son fruto de acciones integradas de secciones diversas de la Estación, entre ellas las de Biotecnología, Química y Agronomía de la Caña de Azúcar, en el marco de Proyecto de Desarrollo Tecnológico (PDT) del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación (Mincyt). A las empresas -que no sólo aportan recursos sino que también investigan- les otorgamos una licencia de nuestros conocimientos o bien llevamos con ella un programa paralelo de investigación”, indicó Castagnaro. “Las empresas, en base a su experiencia, saben cómo aplicar esos bioinsumos. Nuestro bioinsumo para uso agropecuario se llamará Biagro línea ISDV (Inductores de los Sistemas de Defensa Vegetal), y es resultado de un convenio entre la Estación Experimental, el Conicet, la UNT y una empresa privada (Biagro)”, resaltó.

Interés

En reconocimiento a esta labor, la Eeaoc fue invitada a participar del Comité Asesor sobre Bioinsumos de Uso Agropecuario (Cabua), en el marco del Ministerio de Agricultura de la Nación y de la Conabia (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria). Este comité es el que establecerá el marco regulatorio para las empresas sobre cómo producir y vender estos productos nuevos. A la Nación le interesa que la entidad de investigación de Tucumán participe en ese comité, como organismo público. Los dueños de la patente son el Conicet y la UNT, porque ellos comenzaron la investigación.

La Estación Experimental toma esa patente -entendida como una idea con protección legal- y la lleva a la práctica mediante pruebas, y esboza el primer desarrollo que convierte a la idea en una proto-tecnología. Luego, la Estación Experimental Obispo Colombres se vincula con una empresa privada para el escalado o tecnología final, en este caso la línea ISVD. Cuando el producto salga a la venta para los productors, el recipiente que lo contenga exhibirá los logos de la Estación Experimental, la UNT y el Conicet.“Hoy estamos en la etapa de desarrollo y de desembarco en esa tecnología. Pero en 2015, ya podrá adquirirse y será para cultivos extensivos e intensivos. Será una tecnología para productos hortícolas como la frutilla, a la manera de especialidades con acondicionamientos específicos (como ocurre con los medicamentos, que tienen el mismo principio activo pero bajo formulaciones diferentes). Por eso habrá productos para cultivos extensivos como soja, caña de azúcar, trigo y cebada; y otros para la producción frutihortícola”, -explicó Castagnaro-.

Este bioinsumo aumenta la sostenibilidad de un sistema productivo en el conjunto de los agro ecosistemas. Por ser de origen natural, al caer al suelo estos productos se biodegradan; en cambio los sintéticos permanecen, contaminan y alteran el ecosistema. Como mensaje final, el doctor Castagnaro subrayó que la Estación Experimental produce conocimiento, que se transforma en tecnología, al servicio del productor agropecuario.“Es eso lo que dice la ley fundamental de la Eeaoc. No solo adapta la tecnología producida por otros, sino que también genera la propia y de ese modo beneficia a la región, a la Nación y -de manera exponencial- a mucha gente.

Fuente: La Gaceta





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