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La harina de soja es un insumo central para producir carne. La Argentina es el primer exportador mundial y la demanda sigue creciendo, con eje en China y los países del sudeste asiático.

La exportación de harina de soja, un rubro que la nomenclatura comercial argentina todavía define como un “residuo”, el año pasado generó divisas por 10.000 millones de dólares y representó el 12% de las ventas globales nacionales. Las proyecciones mundiales, además, adelantan que la necesidad de este tipo de harina proteica -un insumo clave para producir carne- seguirá creciendo, con eje en la demanda del sudeste asiático y de otras economías emergentes en las que aumenta el consumo de cerdo, pollo y cortes vacunos.

Es una buena oportunidad para la Argentina, pero hay algunos nubarrones en el horizonte: China, el mercado más importante del mundo, viene priorizando la importación de poroto de soja sin procesar para luego industrializarlo en sus propias plantas, una situación que puede impactar en el nivel de actividad de las plantas de crushing (molienda) de soja, que se concentran en las terminales portuarias cercanas a Rosario. Y también preocupa la falta de soja para moler en los meses previos a la cosecha, una situación que podría amortiguarse “captando” más soja de Paraguay, de Bolivia o del sur de Brasil, pero en los puertos rosarinos advierten que está “impedido” el ingreso temporario de soja de países vecinos.

La harina de soja es un subproducto de la extracción de aceite, que se comercializa como expeller o pellets de soja (ver Un combo, en varios...

Es un producto que hace rato que ganó un lugar de peso en las exportaciones por su rol estratégico, como plataforma de proteínas, en la industria alimentaria mundial.

En el mundo hay doce tipos de harinas proteicas (soja, girasol, maní, colza y pescado, entre muchas otras), pero la de soja es la más importante y representa el 64% del total.

La Argentina es el primer exportador mundial de harina de soja.

En realidad, el 70% de las ventas globales se concentran en cuatro países: Argentina, Estados Unidos, Brasil e India.

El año pasado, la producción nacional de harinas proteicas oleaginosas fue de 27,8 millones de toneladas (93,5% soja y el resto girasol) y más del 80% se embarcó hacia la Unión Europea, Indonesia, Vietnam, Tailandia y Malasia, los principales destinos de la harina nacional. Durante los últimos cinco años, el volumen exportado, en promedio, superó las 23 millones de toneladas de soja, con un pico de 25,1 millones en el 2011.

El peso estratégico de la harina de soja crece de la mano con la demanda de costeletas, pechugas y bondiolas. En los últimos 9 años, la producción mundial de carne creció un 20% (y, aproximadamente, un 50% en 18 años, desde 1996). En el 2014 será de casi 300 millones de toneladas, según las proyecciones de la FAO.

En esta tendencia influye la transición dietaria que atraviesa un segmento importante de la población en China y la India. A partir del crecimiento económico de los países del sudeste asiático, son cada vez más las personas que mejoran sus ingresos y comienzan a demandar una alimentación más diversificada y de mayor calidad, lo que incrementa el consumo de carne y de lácteos.

Los carne porcina es la que más se consume en el mundo (más de 100 millones de toneladas el año pasado). Luego le sigue la aviar, que es la que registró el mayor crecimiento en el consumo y, por último, la vacuna, que alcanzó los 55 millones de toneladas en el 2012.

“El importante aumento en la producción y en el consumo mundial de carne ha impulsado un fuerte y sostenido crecimiento en la utilización de harinas proteicas”, coincide un informe de la Dirección de Mercados Agrícolas del Ministerio de Agricultura.

Lo que pasa en China es clave porque es el primer productor mundial de harinas proteicas, con un total de 68,27 millones de toneladas y tuvo un crecimiento constante en los últimos cinco años. En segundo lugar se ubica Estados Unidos y tercera está la Argentina.

El mercado chino también es el principal consumidor mundial de harinas proteicas, con el 33% del mercado, delante de la Unión Europea (26%) y Estados Unidos (13,4%). “China aumenta su consumo año tras año”, insiste el informe del Ministerio de Agricultura.

Por eso, en el corto y en el mediano plazo hay buenas perspectivas de precios para las harinas proteicas, según este informe oficial. En definitiva, la Argentina, con eje en la Región Centro, ya cuenta con la capacidad instalada, en las terminales portuarias del sur de Santa Fe, para aprovechar esta oportunidad y seguir sumando valor agregado, que supone empleo y desarrollo, a su complejo de producción y procesamiento de oleaginosas.

Fuente: Clarin Rural

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