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En una jornada de Asagir se abordaron los puntos clave del cultivo.


La Asociación Argentina de Girasol (Asagir) realizó en Charata, Chaco, una jornada taller sobre el cultivo. En las últimas campañas, el girasol presentó allí los mejores resultados y la mayor estabilidad entre los cultivos. Se espera que en el ciclo 2013/2014 aumente la siembra.

"Los productores de esta provincia vienen de años con resultados magros en otros cultivos y buenos en girasol, con lo cual la expectativa sobre el área girasolera de la próxima campaña es buena y creo que el cultivo podrá alcanzar las 400 mil hectáreas si se dan las lluvias necesarias", dijo Luis Arias, presidente de Asagir.

En uno de los talleres, Adrián Rovea se refirió a las fechas de siembra. El asesor CREA indicó: "Con las fechas de siembra apuntamos a definir en qué momento caerá el período crítico del cultivo y para esto lo que se debe tener en cuenta son los balances hídricos. En el Chaco, la mayoría de los meses se presenta un balance de agua negativo, que sólo se hace neutro o positivo en marzo y abril. Lo que cambia frente a un año Niño, Niña o neutro es la cantidad de lluvias de octubre a diciembre".

"Las siembras tempranas, que se realizan en agosto, en un año Niño tienen en noviembre y diciembre un balance casi neutro que coincide con el período crítico del cultivo, pero en el resto de los años el balance será negativo deteriorando los rindes. Por lo tanto, el primer factor a definir para la siembra del girasol en los ambientes del Chaco es la cantidad de agua almacenada", agregó.

Factores

Según Rovea, el segundo factor es el tipo de suelo. "En la región tenemos suelos muy buenos con alta capacidad de retención de agua y otros que son buenos, pero con alto contenido de sodio, que lleva a una mayor probabilidad de estrés hídrico. A esto se suma el estrés térmico, cuya probabilidad de ocurrencia en la región es muy alta a partir del 1º de diciembre, provocando una merma en el número de granos y pérdidas en la calidad y cantidad de aceite", explicó.

"Por lo tanto, en los ambientes con estas restricciones vemos como alternativa las siembras de enero, para que el período crítico caiga en febrero-marzo, es decir con mayor probabilidad de lluvias y menor efecto del estrés térmico", añadió.

Entre otros temas, en el encuentro se planteó que es recomendable trabajar con bajas densidades de siembra si se sospecha que se puede llegar a situaciones de escasez hídrica.

Y se remarcó que la siembra debe realizarse sólo si hay agua en el perfil del suelo, para asegurar el desarrollo del cultivo, y en superficie para asegurar el stand de plantas y una emergencia pareja.

Por último, en otro taller se abordaron el resto de los factores ligados al manejo del cultivo de girasol que permitirían llegar a un millón de toneladas en el Chaco.

Fuente: La Nación





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