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Para el español José Mulet, los transgénicos ayudaron a una mejora en la alimentación; defendió al herbicida glifosato.

Los alimentos son cada vez más seguros y los productos transgénicos han contribuido tanto a ese logro como a una mejora en la alimentación.

Ésa es la opinión del profesor de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, José Miguel Mulet, doctor en bioquímica y biología molecular, que escribió Comer sin miedo, un libro que en España ya va por su quinta edición y que será presentado hoy en la Feria del Libro. Con esa obra, intenta derribar mitos sobre la seguridad de los alimentos y responder a los cuestionamientos a los productos transgénicos y al uso de herbicidas como el glifosato.

Invitado por Maizar, entidad que agrupa a la cadena del sorgo y el maíz, Mulet dio ayer una charla en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. "Si los alimentos no fueran seguros estarías jugando a una ruleta rusa cada vez que comes y no podrías vivir más", dijo a este experto que, en su libro, afirma que "la heladera ha salvado más vidas que la penicilina".

Según Mulet, los transgénicos representan un avance más en la alimentación desde el neolítico y la domesticación de plantas y animales por parte del hombre. "Son un paso más y nos permiten hacer de forma más eficiente lo que estábamos haciendo", señaló.

Junto con la medicina y una mayor sanidad, en su opinión, la mejora en la alimentación ha sido uno de los factores que ayudó a una mayor esperanza de vida y a bajar la mortalidad a causa de enfermedades asociadas a la seguridad alimentaria y la falta de agua potable. La irrupción de los transgénicos coincidió con esta mejor performance.

"La alimentación ha sido una de las patas que contribuyó en este proceso. Los transgénicos no han tenido una incidencia negativa en el medio ambiente o en la seguridad alimentaria. Al contrario, coincidieron con esta mejora", afirmó.

En este contexto, consideró infundadas las críticas a los transgénicos de grupos ecologistas. "Me parece bien que quieran proteger el medio ambiente, pero desde el momento en que sus campañas se basan en imputaciones que no son ciertas pierden toda mi credibilidad. ¿Dónde está el apocalipsis que llevan anunciando hace 20 años? Que me digan una persona que se haya muerto por alimentos transgénicos", remarcó.

Para el autor, a falta de argumentos contra los transgénicos se ataca el glifosato. Recientemente, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), incluyó al glifosato en una categoría de productos declarados como "probablemente cancerígenos". Quedó en una misma categoría que el mate.

Mulet ironizó: "Si tuvieras la prohibición para el glifosato también tendrías que tener la prohibición del mate". El glifosato lleva 40 años de uso, se emplea en más de 160 países y más de 800 estudios demostraron su seguridad.

Para el autor, toda la comida proviene desde hace cientos de años de una selección artificial donde intervinieron procesos de mejora genética por la acción del hombre. Al respecto, trazó una analogía entre el tomate y el iPhone. "El tomate es una planta que vivía en los Andes, fue domesticada por los aztecas y tiene miles de años de selecciones, mutagénesis y ha llegado a ser un producto alimenticio barato, económico y tiene muchas propiedades para la salud. Un tomate le lleva milenios de ventaja tecnológica al iPhone 5 y ahora al iPhone 6", dijo.

El científico explicó que su libro Comer sin miedo nació luego de que sus alumnos le preguntaran por la alimentación ecológica o natural. Buscó si existía una base científica en esa alimentación, pero no la encontró. Para el experto, lo natural hace referencia al origen de un producto, no a la calidad o su propiedad. "Toda la comida que tenemos hoy a nuestra disposición procede de milenios de selección y cría", escribió en su libro, donde calificó de "mito" a la comida natural.

Según Mulet, no hay diferencias entre un producto ecológico y otro convencional en cuanto al impacto para la salud. Para el español, muchas personas piensan que en una producción ecológica no se usan pesticidas ni fertilizantes, pero eso no es cierto. "Al que diga que lo natural no tiene agroquímicos le puedo pasar amablemente la lista de pesticidas autorizados para la producción ecológica", remarcó.

Fuente: La Nación

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    La jornada fue un éxito, decenas de personas de todas partes del mundo se unieron al streaming organizado por ASAGA y patrocinado de Desmet Ballestra para actualizarse sobre el Tablero de Control y Balance de Masa en Plantas de Crushing. Destacamos que todas las charlas se dictaron por streaming directo con plena participación de los inscriptos, pero de una manera organizada para evitar ruidos durante las disertaciones.

    El objetivo era conocer los conceptos y estrategias técnicas acerca de cómo implementar un Tablero de Control en una planta de crushing de semillas oleaginosas. KPI, Informes Gerenciales, entre otros puntos. Asimismo, también se dará teoría y práctica sobre Balance de Masas en la industria aceitera. Se trabajará a través de ejemplos prácticos y didácticos que permitan analizar casos concretos de Balance de Masas. Los asistentes de este taller adquirirán herramientas de guía y optimización de sus tareas en planta.

    La coordinación del evento estuvo a cargo del especialista Aníbal Demarco (DESMET BALLESTRA y ASAGA), quien además disertó junto a Renata Carminato (C&L Consultores) y César Lanati (C&L Consultores).

     

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    Fuente: Prensa ASAGA

     
  • Productores de biocombustible se declaran en estado de alerta

    El sector viene operando a la mitad de su capacidad desde fines del 2019.

    El sector de biocombustibles se encuentra en estado de alerta después que los productores aseguraron que permitieron un gran ahorro en importaciones, al rechazar la posibilidad que atribuyen a las petroleras de reducir el corte de las naftas y el diesel, lo que agravaría la caída de producción del sector que opera a la mitad de su capacidad.

    El planteo llegó de manos de la Liga Bioenergética, quienes alertaron por "la gravísima situación que atraviesa la industria de biocombustibles" y que pone en riesgo los 10.000 puestos de trabajo que genera en 10 provincias mediante la industrialización de la producción primaria.

    "La industria de los biocombustibles no está subsidiada, al contrario de otras industrias que necesitan que les garanticen mejores precios que los fijados internacionalmente para hacer inversiones en Argentina", expresó la entidad al resaltar que la actividad "evitó importaciones por más de u$s27.000 millones en el período 2010–2019".

    En ese sentido, los productores plantean que "volver al sistema de exportación primaria del poroto de soja o grano de maíz, además de ser anacrónico, constituye desconocer la importancia del agregado de valor en origen, ya que el país posee el complejo agroexportador más grande y eficiente del mundo que debe ser aprovechado con un desarrollo industrial que aumente los empleos calificados y las inversiones".

    Ante la pretensión de la petroleras de reducir los cortes vigentes del 12% para las naftas y del 10% para el diesel, la Liga Bionergética aseguró que "no se pretende reemplazar" al gas oil o las naftas, sino "complementar" la matriz energética, mediante el aporte de "un combustible de origen vegetal, renovable, menos contaminante y de producción nacional".

    El sector, además, se enfrenta al debate sobre la conveniencia de prorrogar el régimen vigente desde hace más de 10 años para los biocombustibles, y que permitió su desarrollo a través de 54 plantas situadas en 10 provincias (Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, San Luis, Santiago del Estero, Córdoba, Tucumán, Jujuy y Salta), y genera más de 60.000 fuentes de trabajo, directas e indirectas.

    El sector también da origen o potencia el desarrollo de otras industrias como productores cañeros, complejo aceitero y pequeñas aceiteras a prensa, empresas de transportes, industria metal-mecánica, y el desarrollo de nuevas aplicaciones tecnológicas al servicio del sector.

    Los biocombustibles constituyen el último eslabón en la cadena de agregado de valor de la soja, maíz y azúcar, y en el caso del bioetanol y el biodiesel pyme, el 100% de su capacidad de producción se destina al mercado interno.

    La capacidad instalada de biodiesel en el país es superior a 4.5 millones de toneladas anuales, y más del 50% se encuentra hoy ociosa.

     

     

 

 

 

 
 

 

 

 


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