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Son considerados cultivos de segunda generación. Pero se plantean como una buena opción (por su alto precio) para que los pequeños productores diversifiquen sus cultivos. Opina un especialista.

El importante crecimiento de la industria del biodiesel a escala global genera controversias acerca de la utilización de aceites comestibles como consumo para la fabricación de biodiesel, debido a la competencia que generaría sobre la disponibilidad de alimentos. Actualmente, los aceites de soja, palma y canola son las principales materias primas usadas para la generación de biodiesel, llamado de primera generación. En este contexto surge la idea de desarrollar cultivos energéticos de segunda generación, llamados a producir aceite para la industria del biodiesel sin afectar la oferta de alimentos, lo que se lograría con cultivos capaces de producir en zonas marginales para la agricultura. Cultivos de segunda generación El ricino o tártago (ricunus communis) y la Jatropha (jatropha curcas) tienen en común su pertenencia a la familia de las Euforbiáceas: producir aceites y expellers no aptos para uso alimenticio debido a la presencia de compuestos tóxicos. El ricino es cultivado comercialmente (India, Chica y Brasil producen el 54, 23 y 12 por ciento respectivamente) para la obtención de un aceite de uso industrial con propiedades físicos-químicas muy particulares, derivadas de una alta proporción (90 por ciento) de un ácido graso llamado ricinoleico. La Argentina importa la totalidad del aceite y la demanda mundial se concentra en los países industrializados, cuya industria química lo transforma en compuesto de mayor valor. El precio internacional del aceite de ricino ha sido en promedio (2003-2011) un 66 por ciento superior al del aceite de soja, presentando una alta volatilidad, con valores máximos de 2.700 dólares por tonelada y mínimos de 650 dólares por tonelada. Esta razón lo convierte en una alternativa promisoria para pequeños productores, ya que el alto precio y la posibilidad de agregarle valor permitirían absorber las ineficiencias derivadas de la falta de escala productiva. El 85 por ciento del costo de biodiesel corresponde al costo del aceite. El aceite de Jatropha, a pesar de la toxicidad que le genera la presencia de estéres de forbol, no presenta una composición química diferente a la de los aceites comestibles con predominio de oleico y linoleico, por lo que es apto para elaborar biodiesel, pero a su vez, debe competir en precio con aceites de soja y palma, generados a partir de cadenas agroindustrials muy eficientes.
Ventajas
El ricino presenta un amplio rango de condiciones agroecológicas en las que se puede realizar el cultivo, como también por el hecho de que se lo puede manejar como especie anual o perenne según el ambiente y el sistema de cosecha utilizado, mientras que la Jatropha se comenzó a investigarse en la Argentina a partir de 2007 y aún continúa en etapa experimental. Una de las restricciones ambientales más importantes está vinculada con su sensibilidad a las heladas, sin embargo, las plantaciones experimentales en ambientes subtropicales con heladas moderadas (Noreste de Formosa), permite realizar investigaciones y desarrollar tecnología agronómica para este tipo de condiciones.
Ambas especies resultan interesantes para diversificar la matriz agrícola, pero presentan diferencias en cuanto al destino del aceite, las posibilidades de agregado de valor y las alternativas de manejo. (*) Ingeniero agrónomo. Docente, investigador, cátedra Cultivos Industriales FAUBA. Coordinador de la Subcomisión de Bionenergía del CPIA.

Fuente: El Federal

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