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El futuro energético y las estimaciones para la transición energética de cara al año 2050  son los puntos principales que abordará la próxima edición de A&G. La publicación da respuestas sobre los conocimientos estratégicos de la naturaleza y la marcha de la transición energética global, relevantes para quienes deben tomar decisiones. Sobre esto, dialogamos con Héctor Carlos Autino, Director General de A&G, la publicación técnica de ASAGA,  quién nos proporcionó avances acerca de la próxima edición.

La consigna es clara: ¿cómo podemos reducir la utilización de combustible fósil?; Autino apela a la biomasa como posible alternativa, mientras se continúa investigando otros sustitutos.  “La utilización de biomasa se convierte es una estrategia clave en países vecinos como Paraguay y Brasil, en dónde por lo general, las plantas no disponen de gas natural o fuel oil (BPF). Razón por la cual, en estos países, quemar biomasa es indispensable.

Para tal fin, se utilizan chips de madera o braquiarias, un tipo de pastura con una capacidad de reproducción más que interesante, pero con poder calorífico más bajo que el gas natural o el fuel oil. Sin embargo, destacamos que su valor es significativamente inferior a los medios que utilizamos en Argentina. En la actualidad, un decámetro cúbico (Dam3) de gas posee un costo de entre 230 a 280 dólares, mientras que  el precio del vapor ronda los 20 y 25  dólares por tonelada de vapor generado. Estos costos son significativamente elevados si lo comparamos con  Brasil u otros países que utilizan biomasa, en dónde ese valor se reduce a la mitad, o más aun”, apuntó el especialista.

En un contexto como el actual, con costos escalando exponencialmente y recursos agotándose, la optimización energética se convierte en el foco de las investigaciones y estudios. “Dentro de este contexto, se impone optimizar todos los factores que rodean a la política energética, valiéndose de la generación energía solar, eólica y otras energías alternativas”. De esta manera, la utilización de biomasa es una posibilidad que se debe explorar con mayor profundidad. Por ejemplo, las plantas que procesan girasol, queman cáscara de girasol y a veces incorporan también cáscara de maní, proveniente de instalaciones vecinas. Mediante estas estrategias se logran reducir drásticamente los costos, generando vapor de alta presión a 45 o 65 bar, y ese vapor genera, a su vez, energía a través del uso de turbinas. Todas estas acciones reducen de manera exponencial el costo de generación de vapor al tiempo que le posibilita a las industrias generar su propia energía para llevar a cabo los procesos de la planta. “Estos son los desafíos que se vienen de cara al futuro”, cerró Héctor Autino sobre la próxima edición de A&G.

Además, encontrarán nuestras habituales secciones, todos los desarrollos en la industrialización de semillas oleaginosas y los aspectos relacionados con la seguridad de procesos. Asimismo, en la sección “Economía y Mercado” desarrollaremos los aspectos económicos y productivos de un país en particular  y nos centraremos en la situación de argentina en el marco de la emergencia hídrica declarada esta semana por el gobierno nacional.





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