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Argentina es el séptimo productor mundial de aceites y tercer exportador mundial de grasas derivadas de la soja. Para este año se espera que el país registre el mayor crecimiento productivo a nivel mundial con un incremento superior al 10 por ciento. Estuvimos en la planta más moderna del mundo y se la mostramos por dentro para saber cómo se logrará el objetivo.

Quien transite por la autopista Santa Fe, difícilmente preste atención a la escenografía que subyace detrás de ese verde mar de soja lindante con el río Paraná. Sin embargo, desde Timbúes hasta Rosario, se encuentra enclavado el clúster de procesamiento de soja más grande del mundo.

Sería solo un dato pintoresco sino fuera una cruda imagen del estado de la infraestructura productiva: el acceso a tres de las más grandes plantas (Renova, Louis Dreyfuss y Bunge), es una calle de tierra con un ripio como único mejorado, por el cual transitan cientos de miles de camiones llegados de todo el país. A partir de marzo, con la cosecha, ese camino polvoriento se transforma en un pandemonio vertiginoso de camiones, ilusiones y puestos de choripán.

Pero más allá de esto, ese polo de crushing sojero se ha transformado en la punta de lanza del perfil productivo y exportador argentino de los últimos veinte años. Cuando Gustavo Grobocopatel estuvo en Santa Fe en las Jornadas de Agroindustria un tiempo atrás, sostuvo que la demanda de alimentos crece aunque haya crisis, ya que la gente en el mundo busca dietas más proteicas. “Tenemos el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) 2020, que apunta a llevar de 100 a 160 millones de toneladas en 2020, lo que implicaría un crecimiento del 3,5 % en el PBI por año. Yo lo llamo el futuro del presente, y es un tema instalado en el debate público, sobre todo a partir del conflicto del 2008”, aseguró. Para el empresario, este escenario permite pensar un poco más allá: el futuro del futuro, “que es aún más desafiante, porque implica un cambio de tiempos, donde los vegetales empiecen a producir no solo alimentos, sino energía, medicinas, bioplásticos, enzimas de uso industrial, y múltiples productos que se pueden obtener de estas plantas que funcionan más como fábricas que como vegetales”. Según “Grobo”, Argentina cuenta con todo a favor: territorio; agua abundante y barata; y una vasta cultura productiva, los que transforman a esta región del planeta en el escenario ideal para esta nueva revolución industrial. “Pero ese futuro produce cambios y requiere personas, organizaciones, empresas y un Estado de este tiempo. Políticos, emprendedores, etc. que deben reinventar el concepto de una discusión sobre el capitalismo (que estimula el mérito pero no resuelve la inclusión), lo que debe ser compensado de alguna manera. Generar dignidad para la gente”, afirmó.

A paso firme

En tanto, el futuro del presente avanza a paso firme. El excelente posicionamiento argentino en el mercado mundial de grasas y aceites obedece a su lugar relevante en el crushing mundial de semillas oleaginosas y, específicamente, el de poroto de soja, que le permite obtener aceite.

De hecho, según un estudio del especialista Julio Calzada, recientemente publicado por la Bolsa de Comercio de Rosario, Argentina consolida el séptimo lugar en el ranking de países productores de aceites y grasas. Es más, para el actual ciclo 2015/2016 “se espera un fuerte crecimiento de la producción argentina donde se espera que alcance las 10,2 millones de toneladas”, según el informe. Es más, si se analizan los 8 países líderes, Argentina es el país que registraría este año el mayor crecimiento productivo a nivel mundial con un incremento interanual estimado del 10,2%. “Ningún otro país líder registraría este año un crecimiento como el de Argentina”, sostiene el estudio.

En cuanto a los aceites, Argentina mejora su calificación ubicándose en el tercer lugar (luego de Indonesia y Malasia). Estos dos países son los principales exportadores de aceites y grasas por sus despachos de aceite de palma. En cambio, las exportaciones argentinas de aceites y grasas, dependen centralmente del aceite de soja y, en menor medida, del aceite de girasol. “En la actual campaña se espera que Argentina llegue a las 10,2 millones de toneladas, compuesta por 8,5 millones de toneladas de aceite de soja y 1,1 millones de toneladas de aceite de girasol”, asegura. De ese volumen, se estarían exportando este año cerca de 7,1 millones, compuesto por 6,4 millones de toneladas de aceite de soja y 560.000 de aceite de girasol.

De ese modo, el país estaría vendiendo al exterior el 70% de su producción de aceite de soja, en tanto que el 30% restante quedaría en el mercado interno para abastecer a la industria del biodiésel y a otras demandas derivadas de los consumos locales. “Según el USDA, Argentina en el año 2016 podría producir cerca de 1.300 millones de litros de biodiésel destinados a la mezcla con gasoil para el parque automotor argentino. Esto implica que aproximadamente 1.100.000 toneladas de aceite de soja se estarían utilizando en el 2016 para producir el biodiésel que usan nuestros vehículos. Implica moler 5,7 millones de toneladas de poroto de soja argentino para obtener ese biodiésel para el parque automotor local”. Sin lugar a dudas, un paso adelante en la consolidación del futuro del futuro.

De visita en Renova

Para dimensionar el fenómeno por dentro, recorrimos la planta más nueva y la mayor procesadora de aceite del mundo. Transitando ese camino polvoriento, Campolitoral ingresó a las instalaciones de Renova, donde fue recibido por Rubén Silva, gerente de planta, quien explicó algunos detalles del funcionamiento de ese verdadero “monstruo” instalado en las barrancas del Paraná.

“Entre los tres grandes (Renova, Louis Dreyfuss y Noble), ingresan 2.000 camiones por día (4.000 viajes), y es Timbúes donde arranca el cluster sojero más grande del mundo. Nuestra planta marca el inicio del polo industrial merced a los 32 pies de calado (que hoy están en 38 por la crecida del río), los que permiten la operatoria de buques oceánicos, a los que se les hace imposible navegar río arriba”, sostiene Silva.

Para hacer trabajar las instalaciones trabajan 362 empleados en 4 turnos “con 32 años de promedio, que le meten una dinámica joven a la operatoria”, asegura.

La planta, que requirió una inversión de U$S 500 millones, comenzó a construirse en octubre de 2010 y se finalizó en 2012. Está en marcha desde el 10 de mayo de 2013. Fue diseñada para diferenciarse de las otras ya existentes que trabajan con la sumatoria de líneas, como una planta de línea única y con una capacidad de procesamiento de 20.000 toneladas diarias. Equivalen a casi 7 millones de toneladas al año, nada más ni nada menos que del 12 al 13 por ciento de la cosecha de soja argentina. Una mole de fierros de un kilómetro de frente al río y 3 de fondo, por donde ingresan incesantemente los camiones cargados de soja.

“No hay soja para todos”, dice Silva para explicar que la capacidad de molienda instalada es mayor que la cosecha nacional (un 83 %). Por eso se necesitan de 800 a 1.000 camiones por día de promedio para operar la planta. De allí que sea un negocio de mucho volumen pero de poco margen de ganancia. “Hablamos de centavos, por lo que la máxima eficiencia marca la diferencia”, explica.

La operatoria no tiene secretos. De hecho, todo el proceso es bastante simple: descargan una camión cada 7 minutos. “Llegamos a descargar 1.283 como récord”, sostiene con orgullo. Luego, en el área de preparación se separan los productos; la soja cae por gravedad por los descascaradores y los transportes a cadena hacia los 48 laminadores gigantes (pesan una tonelada y media cada uno) por los que desfilan 450 toneladas de soja por día. De esta forma, el grano que llega del campo se separa de la cáscara sin moler, la que luego se muele y pasa a ser cáscara molida, la que luego se compacta para ser pellet de cáscara (alimento para vacas), luego de lo cual se hace un quebrado en una primera y segunda etapa. Se le realiza un proceso de laminado, un expandido, la salida de extracto y luego, la harina de soja, la lecitina y la glicerina.

Liderazgo criollo

Volviendo al informe de Calzada, el mismo destaca que cuatro campañas atrás, en la 2012/2013 nuestro país ocupaba el quinto lugar, siendo superado por China (líder mundial), Estados Unidos de América, la Unión Europea y Brasil. “En la actual campaña 2015/2016 podríamos estar triturando cerca de 47,6 millones de toneladas, superando a la Unión Europea y a Brasil”. El dato es respaldado por la prestigiosa consultora OilWorld, según la cual la República Argentina también podría pasar a ocupar en la presente campaña el tercer lugar en el ranking de países trituradores de poroto de soja, con una molienda de 44,5 millones de toneladas.

“Este destacado lugar de nuestro país en la molienda de poroto de soja, le permite a nuestro país -por su producción de aceite de soja y menor medida, de aceite de girasol- ubicarse en el séptimo lugar del ranking general de producción de aceites y grasas”, insiste Calzada.

Lo interesante, según el estudio, es que Argentina estaría vendiendo al exterior el 70% de su producción de aceite de soja, en tanto que el 30% restante quedaría en el mercado interno para abastecer a la industria del biodiésel y a otras demandas derivadas de los consumos locales. Recordemos que según datos del USDA, Argentina en el año 2016 podría producir cerca de 1.300 millones de litros de biodiesel destinados a la mezcla con gasoil para el parque automotor argentino. Esto implica que aproximadamente 1.100.000 toneladas de aceite de soja se estarían utilizando en el 2016 para el biodiésel que usan nuestros vehículos. Implica moler 5,7 millones de toneladas de poroto de soja argentino para obtener ese biodiésel destinado al parque automotor local.

Finalmente, el informe se entusiasma con la proyección que nuestro país vería crecer sus exportaciones en toneladas en un 22,8%, en tanto que Indonesia registraría una baja interanual del 3% y Malasia un crecimiento del 2,2%, transformando a Argentina en el país con mayor crecimiento exportador de estos subproductos. “Esperemos que estas cifras efectivamente se confirmen para el beneficio de nuestro país y la generación de divisas”, expresa Calzada. El futuro del presente está dando paso al futuro del futuro. Bienvenido.

¿Y el aceite de girasol?

El mismo tiene un uso principalmente comestible. Puede ser usado en todo tipo de salsas, cocciones culinarias, margarinas y helados. También se usa como conservante. Los restos del procesado de los cariopses de girasol (cáscaras y demás restos del procesado para el aceite) se utilizan como alimento para la ganadería. A nivel industrial, el aceite se emplea para producir biodiésel para automóviles con motores gasoleros. También puede usarse en cosmética por sus propiedades hidratantes y antioxidantes gracias a su alto contenido de vitamina E. Se usa además en jabones y otros laxantes.

Fortaleza

57% de la producción de soja, 43% del trigo y 40% del maíz a 300 km del Gran Rosario. Argentina tiene una ventaja competitiva respecto de Brasil y EE.UU. Nuestra cosecha está localizada muy cerca de las fábricas y puertos desde donde se despacha la mercadería hacia el exterior. De hecho, en la campaña 2014/15 el 57% de la producción nacional de soja se cosechó en campos ubicados a 300 km. o menos de Rosario.

El futuro del futuro

El aceite refinado de soja permite diversos usos industriales tales como agentes anticorrosivos, agentes antiestáticos, aceites esenciales, biodiésel, desinfectantes, agentes para control de polvo, aislaciones eléctricas, insecticidas, tintas de imprenta, base para linóleos, tejidos aceitados, plastificadores, cartón prensado, etc. Calzada destaca que el aceite refinado de soja también admite diversos usos comestibles tales como fabricación de antibióticos, cremas para café, aceites para cocinar, bases para leches, margarina, mayonesa, productos medicinales, aderezos para ensaladas, aceites para ensaladas, untos para empanadas, grasas vegetales para repostería, etc. La lecitina que se obtiene del aceite crudo de soja permite diversos usos comestibles como agentes emulsionadores (productos de panadería y confitería), como agente tensioactivo (polvos para bebidas, coberturas de chocolate, fármacos), como productos nutritivos (usos medicinal y dietético), como agente antisalpicante (Margarina) y como agente estabilizador (manteca para pastelería y grasa para freír). La lecitina también tiene importantes usos industriales como agente antiespumante (levadura, alcohol), agentes dispersantes (pinturas, tintas, insecticidas, gomas), agentes humectantes (cosméticos, pigmentos para pinturas), sustitutos de leche de terneros, metales en polvo, textiles, productos químicos y como agente estabilizador (emulsiones y removedor de moho). El aceite de soja se utiliza también para revestimientos protectores, masilla, jabones, detergentes, plásticos de vinilo, tabaquería, cemento y Epoxys.

Fuente: campolitoral.com.ar, 27/02/2016

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