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Según el autor, Argentina tiene la maravillosa oportunidad de animarse a alimentar al mundo.

Es extraño ver cómo, a pesar de todo, campo y ciudad siguen presentándose como si fueran opuestos irreconciliables, como si no se afectaran mutuamente y, lo peor de todo, como si no tuvieran que ser pensados en conjunto en pleno siglo XXI. 
Los prejuicios sobre la vida y el trabajo en cada uno de esos espacios están cargados, siempre, de una visión que responde mucho más al pasado que al presente, y sin lugar a dudas nada tiene que ver con las necesidades del futuro (que son muchas y es hora de empezar a pensar en ellas).
Por un lado, es importante empezar a entender las ciudades como lugares deseables para vivir, en un contexto en el que la tendencia es de crecimiento. 
En América Latina, y en países de economías muy desarrolladas, más del 70% de la población está instalada en zonas urbanas. 
Más allá de las diferencias que puede haber entre una ciudad y otra, es necesario comprender que con una población mundial que crece a pasos agigantados, las ciudades pueden convertirse en una solución integral para más de un problema de los seres humanos y, al mismo tiempo, lograr resolverlos sin destrozar el planeta. Las posibilidades que ofrecen las grandes urbes para el desarrollo humano comenzaron a superar rápidamente la vieja idealización de la fuga hacia la vida rural. 
Hoy pensamos en cómo hacer las ciudades más habitables antes de pensar en abandonarlo todo para irse lejos. Es que, con la debida planificación, las ciudades pueden ser sinónimo de eficiencia energética, gestión de recursos y mejora en cuanto a movilidad e interconexión territorial. 
Es más sencillo, económico y eficiente construir para muchos en un espacio reducido que para pocos en un lugar enorme. 
Tanto es así que la estructura citadina permite que la población del mundo pueda vivir en el 4% de la tierra arable. Y eso, indefectiblemente, deja mucho espacio para el campo abierto y productivo.
¿Y por qué es tan fundamental hoy que exista esa posibilidad de producción? Porque Argentina tiene la maravillosa oportunidad de animarse a alimentar al mundo. 
Nuestro país está frente a la posibilidad de potenciar toda la experiencia agropecuaria y ganarse de una vez por todas un rol protagónico en los mercados internacionales. 
Es cierto, el mundo cambia vertiginosamente. Sin embargo, hay tendencias claras que hay que mirar de cerca. En China, en India, o en otras economías emergentes, la demanda de alimentos crece de una manera imparable. Mientras la clase media mundial se sigue ensanchando, esta tendencia se reafirma. 
Carne, lácteos y cultivos son requeridos por cada vez más personas y ahí hay un mercado ideal para un país como Argentina. 
El año 2050 (para el que, en realidad, no falta tanto) el mundo va a estar habitado por 11.000 millones de personas. Pueden cambiar las conductas, las formas de vincularse, las redes sociales o las costumbres de época, pero hay algo que es absolutamente predecible: el ser humano va a seguir necesitando comida y el mundo va a tener cada vez más gente.
¿Puede nuestro campo alcanzar semejante escala? Sí, puede. Pero para hacerlo es necesario dejar atrás las formas de pensar el campo que hace rato están vencidas. Esas que lo separan de la vida en la ciudad porque, en definitiva, sólo entendiendo la relación que allí existe es que se puede abordar un modo de producción de manera integral. 
Porque además, la conexión es también tecnológica, y más allá de la distancia geográfica, muchas de las herramientas necesarias no crecen del suelo, por más fértil que este sea. 
La siembra directa, la silobolsa y tantas otras metodologías ya vienen revolucionando el agro y ese camino de innovación y nuevas herramientas es el que hay que recorrer para poder producir más y mejor.
Ya no se trata únicamente de tener extensos terrenos y que en ellos se pueda plantar algo o criar animales. 
El futuro impone una economía al que esa manera de pensar le queda chica. Hay que seguir pensando cómo producir mucha más comida en cada vez menos metros cuadrados y de manera sustentable. 
Repensar qué queremos de nuestras ciudades, de nuestro campo y de nuestro suelo, es el primer paso para poder lanzarse a la ardua tarea de alimentar al mundo.

*Darío Werthein es coautor del libro "Llegar al Futuro", director del Grupo W y director del Consejo Mundial de ORT.

Fuente: Telam

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  • Bolivia apuesta fuerte al bioetanol para mejorar la calidad de sus combustibles

    Bolivia está a puertas de iniciar la producción masiva de bioetanol para sustituir la importación de aditivos para gasolina y diésel, utilizados para mejorar el rendimiento de ambos combustibles, luego de realizarse pruebas que han sido calificadas como "óptimas".

    El proyecto está en gran medida relacionado con el ingenio azucarero de Guabirá, de administración privada, situado en la ciudad de Montero colindante con Santa Cruz, la urbe más grande y poblada de Bolivia, y al que podrían sumarse otras plantas del país.

    En declaraciones a los medios durante una visita organizada por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), el presidente del directorio del ingenio azucarero Guabirá, Mariano Aguilera, destacó que con la producción del combustible "no vamos a importar" otros aditivos para combustibles.

    Aguilera resaltó el resultado "óptimo" que han dado los primeros 10.000 litros de bioetanol fabricados en el ingenio de Guabirá, que se entregaron a la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

    Esta cantidad de combustible se puso a prueba en vehículos de distinta data que recorrieron regiones tropicales y de altitud con buenos resultados, mencionó Aguilera. "En este momento tenemos cinco millones (de litros) para entregar a YPFB", recalcó el empresario. 

    Aguilera señaló que han hecho "grandes inversiones" y que únicamente se aguarda una ley nacional que regule las características de la producción y venta del bioetanol.

    En mayo de este año el Gobierno boliviano y los productores de caña de Santa Cruz acordaron trabajar en la producción de este combustible que implica, entre otras cosas, la extensión del los cultivos de caña.

    Se espera que, para este fin, en los próximos años se inviertan alrededor de 1.500 millones de dólares y que el área de plantación del principal insumo del bioetanol pase de las 151.000 a las 330.000 hectáreas, de acuerdo a estimaciones del IBCE.

    Aguilera citó que Guabirá tiene "en este momento" una capacidad de destilación de 600.000 litros diarios que, pretende se incremente a 1 millón. Al mismo tiempo se pondrá en funcionamiento una planta deshidratadora de alcohol, "la más grande del país", capaz de tratar un millón de litros por día, señaló.

    Aguilera detalló que el proceso de extensión de cultivos de caña de azúcar ya ha comenzado durante esta gestión y que han llegado a las 9.000 hectáreas, que han supuesto una inversión de 9 millones de dólares. "Guabirá tiene planificado invertir más de 40 millones de dólares en dos años", subrayó Aguilera.

    El bioetanol o alcohol anhidro se caracteriza por estar libre de agua mediante un proceso de deshidratación que tiene el objetivo de conseguir un ciento por ciento de consistencia, explicó Samuel Oporto, un ingeniero industrial que trabaja en el ingenio Guabirá.

    Habitualmente se somete a este proceso el alcohol que se extrae de la caña de azúcar o del sorgo, del que se obtiene el alcohol anhidro útil para posteriormente incorporarlo a la gasolina y subir su octanaje.

    Aguilera aseguró que la expansión que este proyecto puede tener "es muy grande" y citó los casos de los países vecinos de Bolivia que han decidido producir el combustible y que en ninguno de ellos se ha retirado de esta producción. "El (país) que ha entrado a la era de los biocombustibles no se ha salido, todos están fomentando", recalcó.

    El empresario añadió que con este proyecto "ganamos todos", en referencia a los trabajadores, empresarios, Gobierno y consumidores. Al respecto, consideró que el bioetanol es un combustible amigable con el medio ambiente, renovable y que además permitirá el ahorro de divisas, hasta ahora destinadas a la importación de aditivos de gasolina.

    Fuente: Clarin

  • Prohibieron el glifosato en Brasil y comenzó una batalla legal

    El ministro de Agricultura, Blairo Maggi, anunció que el gobierno recurrirá la decisión para intentar revertirla antes de la próxima cosecha. "Suspender el registro de ese producto sería un retroceso ambiental gigantesco", afirmó.

    La decisión llega en momentos en que el gigante agroquímico Monsanto, adquirido recientemente por la alemana Bayer, enfrenta su primer juicio en Estados Unidos por el presunto vínculo entre el cáncer y sus productos a base de glifosato.
     
    El ministro de Agricultura, Blairo Maggi, quien también es el principal productor de soja del mundo, anunció que el gobierno recurrirá la decisión para intentar revertirla antes de la próxima cosecha.

    "Todo el sistema de siembra directa está basado en el glifosato" y suspender el registro de ese producto "sería un retroceso ambiental gigantesco", afirmó Maggi en declaraciones al diario Valor.

    El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo bajo distintas marcas.

    "Como todos los productos herbicidas, el glifosato es revisado rutinariamente por las autoridades reguladoras para garantizar que pueda ser utilizado de forma segura", afirmó en un comunicado enviado a la AFP la asesoría de Monsanto, una de las principales empresas que produce y comercializa productos a base de glifosato en Brasil.

    Para Monsanto, no existe ningún vínculo entre el glifosato y el cáncer, por lo que no hay motivo alguno para advertir sobre el peligro de utilizar esta sustancia.

    Bayer atribuyó por su lado la orden judicial a una voluntad de "acelerar la actualización (...) de las evaluaciones sanitarias" por parte de Anvisa. "Partimos del principio de que el gobierno brasileño tomará todas las medidas necesarias para anular esa decisión", dijo el grupo alemán a la AFP.

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