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Los autores analizan un conjunto de limitaciones internas y externas para que Argentina se convierta, definitivamente, un gran jugador global en el mercado de los biocombustibles.

El desarrollo de los biocombustibles en Argentina a lo largo de la última década representa un caso exitoso de integración de la cadena de valor agroindustrial.

En un mercado muy regulado, donde el Estado fija, al mismo tiempo, cantidades (determinados por el porcentaje de corte obligatorio) y precios de venta en el mercado interno, la inserción internacional de los biocombustibles argentinos observa una trayectoria disímil.

Un estudio que hemos realizado recientemente con Ecolatina ha pretendido indagar acerca de los posibles factores que podrían estar operando en el ámbito interno y externo, como inhibidores de la inserción internacional del bioetanol. Así, como de la existencia -o no- de un potencial para su futuro desarrollo. Del lado externo, la continuidad de los programas de corte obligatorio en muchos países, y los compromisos para reducir emisiones de gases de efecto invernadero asumidos en la Cumbre COP 21 de 2015, prevén un incremento de la demanda internacional de biocombustibles y de bioetanol.

La consolidación de este crecimiento del mercado mundial para potenciales nuevos ofertantes (como por ejemplo, Argentina) depende en buena medida, de la reducción y/o eliminación del vasto conjunto de barreras arancelarias y para arancelarias (fundamentalmente de la Unión Europea, China y Japón) que afectan el comercio de bioetanol.

Un trabajo público-privado en el país orientado a identificar el impacto más detallado de estas barreras, aparece como una línea de trabajo de interés, si es que las empresas productoras de bioetanol deciden explorar la estrategia de inserción internacional.

Del lado interno, el estudio con Ecolatina identifica limitaciones en la logística y el transporte en la cadena de valor del bioetanol, así como en la escala de producción y productividad que, de algún modo, dificultan alcanzar niveles de competitividad que permitan a las firmas del sector avanzar en un esquema ofensivo en materia exportadora.

Estas restricciones parecen operar en el margen, y lucen como factibles de ser superadas en la medida en que el marco regulatorio y el entorno de negocios del sector se consolide y gane en certidumbre y consistencia de mediano-largo plazo. Y las empresas y el Estado avancen en un programa conjunto de calidad y competitividad, y fomento a la exportación.

En igual sentido, el desarrollo exportador del bioetanol no es indiferente al crecimiento esperado del mercado interno argentino, determinado en buena medida por la evolución del porcentaje obligatorio de corte, así como por la definición de precios competitivos para el abastecimiento doméstico.

En otros términos, el desarrollo de estas variables actúa como una señal importante para la estrategia de negocios de las empresas y su mix de mercados objetivos, que se agregan a los otros factores antes mencionados. Tampoco son indiferentes, en este sentido, los compromisos en términos de reducción de emisiones de GEI comprometidas por la Argentina en la COP 21; en efecto, el trabajo realizado ha estimado que en el escenario de reducción de 15% de emisiones en 2030 respecto al escenario denominado “Business as Usual”, la producción de etanol de maíz (suponiendo constante la de caña de azúcar) y la superficie sembrada de este cereal deberían aumentar -si el corte obligatorio se mantuviese en 12%- entre 40 y 50% según el rinde de la tierra, para mitigar apenas el 10% de esa reducción comprometida.

El restante 90% provendría implícitamente de otras energías renovables como el biodiesel, la eólica o de cambios tecnológicos en la industria automotriz, el uso del transporte y otras políticas de fomento al uso de combustibles menos contaminantes.

En definitiva, Argentina tiene potencial para continuar impulsando la producción de bioetanol e insertar parte de ella en los mercados externos. Ninguno de los obstáculos analizados que restringen actualmente el desarrollo de dicho potencial exportador, parecen ser definitivos ni insalvables.

Requiere ciertamente, una decisión y enfoque estratégico por parte de ambos sectores, público y privado, para encarar en forma conjunta un trabajo orientado a reducir las trabas internas y externas que limitan este potencial. Y transitar de este modo, la experiencia de casos exitosos en el mundo de implementación de estrategias de biocombustibles, que involucraron inicialmente la creación de mercados domésticos -como vía para garantizar el logro de las metas de “corte”- con el comercio regional e internacional apareciendo a partir de ello.

 

Fuente: Clarín

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