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El ser humano no necesita alimentos específicos sino nutrientes, lo que le permite hacer reemplazos en casos de escasez. En nutrición, lo importante es no eliminar sino reemplazar y sumar.

Por Dra. Mónica Katz

La capacidad de adaptarnos a nuevas situaciones, entornos, climas, oportunidades y posibilidades es una característica que como humanos nos distingue de otras especies.

Las personas hemos sido, a través de la evolución, comensales flexibles y oportunistas. Por lo menos hasta ahora… ¡En la actualidad los fanáticos y fundamentalistas nutricionales crecen sin parar!

Por suerte para la especie, los humanos no necesitamos alimentos específicos sino aproximadamente 60 nutrientes deferentes entre macronutrientes, proteínas, grasas e hidratos y micronutrientes, minerales y vitaminas, que están contenidos en variados alimentos. Estos componen comidas, menús y, en última instancia, todos tenemos “patrones” típicos de consumo. Esos son hábitos que nos caracterizan a lo largo del tiempo. Tenemos esta ventaja: comemos de todo, aunque ese “todo” varía de cultura en cultura y se redefine según las tradiciones, los gustos y el bolsillo de cada uno.

Al no necesitar alimentos, sino nutrientes contenidos en ellos, si escasea algún alimento podemos reemplazarlo por otro que aporte los mismos nutrientes.

A diferencia del koala, que solo come hojas de eucalipto, o los osos panda, que solo se alimentan de bambú, los humanos podemos arreglarnos con múltiples opciones y por eso ellos están en peligro de extinción y nosotros somos de las especies más resistentes del planeta. Por eso, de toda la variedad de comida que existe, tenemos la posibilidad de elegir dónde obtener lo que necesitamos para sobrevivir y estar sanos.

Por ejemplo, la fuente tradicional de proteínas es la carne. Sin embargo, existen proteínas de origen vegetal, que se pueden encontrar en la soja, la quínoa, las legumbres (garbanzo, arvejas, lentejas, etc.) nueces o semillas.  También puede suceder que no haya manteca “para tirar al techo”. Esta en realidad no es un verdadero lácteo sino un cuerpo graso.  Es importante aclarar que no estamos demonizando la manteca, muy interesante ingrediente para muchos platos sabrosos, por cierto. Pero sí debemos aclarar que por suerte podemos reemplazarla por otros alimentos como quesos untables o aceites vegetales que muchas veces representan unas opciones muy saludables.

De todas formas, lo importante es no eliminar sino reemplazar y sumar. Porque la variedad asegura calidad nutricional y por sobre todo la salud y el bienestar que todos queremos para nosotros y nuestra gente.

*Mónica Katz  es médica especialista en nutrición de la Universidad Favaloro/Centro Dra. Katz.

Fuente: clarin.com/buena-vida, 16/08/16

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