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Se están produciendo cambios en el mapa productivo de la zona núcleo. El artífice principal de estas modificaciones está siendo los excesos hídricos producidos por intensas precipitaciones en períodos cortos de tiempo.

Hasta la actualidad, los campos más buscados fueron los que menos riesgos productivos presentaban o sea lo que menos probabilidades de quebranto ofrecían. Y dentro de esta búsqueda de lotes se destacaban siempre los ambientes con napa, por el aprovisionamiento de agua dentro del perfil donde implantamos los cultivos.

En estos ambientes el agua subterránea permitía, en parte, independizarse de las lluvias del ciclo cuando el mismo lograba generar un sistema radicular que se cuelgue de la napa y atenuar la principal limitante de los cultivos en secano, que es la falta de agua.

Hoy, con ya dos campañas muy complicadas respecto de los excesos hídricos, la búsqueda de estos ambientes con napa empieza a estar bajo la lupa y tanto su análisis para incorporarlo dentro de la superficie productiva como también qué hacer con ellos necesita de una reformulación en su análisis del riesgo.

El primer interrogatorio surge al pensar si estas situaciones de excesos de lluvias van a ser una constante en el futuro o si vamos a volver a padecer de situaciones de faltante de agua.

Frente a esta situación de incertidumbre no tenemos mucho que hacer más que intentar estar preparados para las alternativas que nos pueden tocar. Una herramienta muy utilizada son los pronósticos de largo plazo que basan su predicción en la temperatura del océano, pero éstos, como cualquier herramienta predictiva, es falible, con lo cual tenemos que seguir trazando estrategias desde lo productivo para poder afrontar el ciclo con más de una alternativa.

Como siempre, no poner todas las fichas en el mismo lugar diversifica las posibilidades de afrontar sus consecuencias. Si, por ejemplo, decidimos emplear cultivos invernales para empezar a bombear agua desde las napas, esto contribuye a disminuir los niveles críticos de agua subterránea y nos obliga posteriormente a involucrar cultivos estivales de segunda fecha de siembra, que modifican los momentos de implantación y sus períodos críticos.

Estrategias

Esta estrategia comprende algunos beneficios, como el descenso del agua subterránea, la diversificación de los períodos de siembra y críticos de cada cultivo, el control de malezas, mayor aporte de rastrojos al sistema, pero también pueden tener algunas complicaciones en función de cómo se plantee el año climático y comercial.

La campaña pasada tuvimos algunos casos que, mediante la incorporación del trigo o cebada logramos bajar las napas, lo que permitió muy buenas implantaciones de los cultivos de segunda, pero como volvimos a tener excesivas lluvias durante el verano, produciendo que los cultivos de segunda se anegaron igual y se vieron bastante más afectados que los que se habían sembrado en primera fecha y ya estaban hechos antes del anegamiento.

Cuando pensamos en incluir maíz como cultivo de verano debemos saber dos aspectos interesantes de su análisis. Primero, que es el cultivo que mayor inversión requiere, entre híbrido y fertilizantes, pero es a su vez el que más plasticidad nos da para su incorporación respecto de su fecha de siembra y, además, resiste bastante mejor los anegamientos que su competidor la soja.

El maíz permite trazar una estrategia de siembra en la que se pueden contemplar siembras tempranas y tardías, permitiendo adecuar su implantación de acuerdo al análisis del ambiente y su pronóstico.

Por ejemplo, si se esperan lluvias importantes para el final del ciclo, la siembra quedaría temprana. Ahora bien, si estamos en un campo saturado en septiembre y se espera un año seco o normal la siembra puede ser diferida a diciembre.

Las ventajas del maíz sobre la soja para sobrellevar el exceso hídrico están dadas por varios aspectos, como su habilidad para producir raíces adventicias tempranas y a otras adaptaciones, como un aumento del espacio de aire en los tejidos radicales durante los períodos de excesos hídricos que prolonga la supervivencia de la raíz bajo condiciones de asfixia radicular. También se mantiene parado aún en condiciones de inundación del lote por cuestiones de arquitectura de la planta, como la fortaleza de su caña y no posee dehiscencia como si lo tiene la soja en sus vainas una vez maduras.

Respecto de la soja, hasta hace unos años su inversión era baja respecto del resto, por eso su renta era buena respecto del resto de los cultivos estivales, pero en los últimos años cada vez es más costosa llevarla adelante durante toda la campaña, con lo cual su análisis también cambió.

Hoy hacer una soja pasó de los famosos 10qq/ha, que es en lo que rondaba su costo a estar entre los 14 y 17qq/ha, dependiendo de cómo la trataron las plagas y las malezas y a qué valor pudo vender su mercadería.

Sigue siendo menos costosa que el maíz, pero con mayor riego productivo, ya que la soja no soporta muy bien los excesos, principalmente en los momentos definitorios de rendimientos.

Fuente: lanacion.com.ar/campo, 27/07/16

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