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La implementación de tecnologías innovadoras para el mejoramiento de la calidad de aceites vegetales de gran producción en la región es una de las líneas de investigación en la que trabaja la doctora en Ciencias Biológicas Yanina Rossi, en los laboratorios de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), en Argentina. En ese marco, buscan conocer el efecto de la aplicación de pre-tratamientos enzimáticos sobre el rendimiento y la calidad del aceite en procesos de extracción por prensado de semillas oleaginosas regionales, como así también el agregado de antioxidantes naturales obtenidos a partir de subproductos de la industria.

Con estos estudios pretenden mejorar el rendimiento y la calidad final de los aceites vegetales, diversificar las alternativas productivas, agregar valor y promover el desarrollo de actividades agroindustriales de la región.

“La primera matriz que trabajaremos es el maní; también vamos a utilizar el tegumento, que es un desecho en la industria para obtener antioxidantes y luego incorporarlo en productos alimenticios, estamos analizando hacerlo en productos lácteos y en aceites”, comentó Rossi a Argentina Investiga. Esta aplicación en alimentos buscará darle valor agregado al producto en relación a su calidad y a sus propiedades funcionales.

En el organismo existe un proceso normal de producción de especies reactivas de oxígeno regulado por el sistema biológico; “el problema se genera cuando está exacerbado y deja de ser controlado, lo cual genera estrés oxidativo, como sucede en varias patologías”. Los antioxidantes muestran una gran capacidad para captar estos compuestos tóxicos causantes del estrés oxidativo y resultan beneficiosos para la salud al actuar como “agentes protectores frente a cáncer, desórdenes cardiovasculares, inflamatorios y neurodegenerativos”. La investigadora destacó que lo importante es que “son de origen natural, a diferencia de lo que se ve en el mercado, que son sintéticos en su mayoría y acarrean reacciones adversas en el organismo”.

El proceso de extracción de antioxidantes (polifenoles), procedentes del tegumento de maní, consistirá en la utilización de fluidos a alta temperatura y presión, sistema de extracción de menor impacto ambiental y menor costo. Por otra parte, analizarán “cómo sería el efecto de tratamientos pre-enzimáticos sobre los granos que tienen acumulado el aceite en el maní”. Mediante los procesos de extracción habituales en que se obtiene el aceite de maní para el consumo, su aspecto y sabor no compiten con los de otros aceites, como el de oliva y el de girasol, por eso también buscarán mejorar su calidad, de manera de evitar el tostado con la utilización de enzimas, previo a realizar el prensado y obtener así una mejora en la calidad y la presentación del producto.

Rossi es bioquímica farmacéutica y se doctoró en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) a partir de su trabajo en el modo y mecanismo de acción de insecticidas naturales contra la mosca doméstica a partir de plantas comestibles y nativas. Este trabajo lo realizó bajo la dirección de la doctora Sara Palacios. Luego realizó un posdoctorado relacionado a alimentos con el doctor Daniel Wunderlin, en un proyecto que investigó los antioxidantes en el olivo.

Al ser consultada acerca de su campo de estudio puntualizó: “La temática de los alimentos es lo que más me atrae. Quería ver en qué línea innovar y cuando me radiqué en Villa María pensé en algo para su aplicación en la región, porque siempre busqué que las investigaciones puedan aplicarse”.

El trabajo, llamado “Desarrollo y evaluación de tecnologías innovadoras para el mejoramiento de la calidad de aceites vegetales” cuenta con la dirección del doctor Damián Maestri, investigador independiente de Conicet IMBIV, y la co-dirección del doctor Alejandro Lespinard, investigador asistente del CIT local. (Fuente: ARGENTINA INVESTIGA/DICYT)

Fuente: noticiasdelaciencia.com, 15/06/16

Otras Noticias

  • Las razones por las que China importa cada vez más soja

    En la tendencia influye la migración masiva del campo a las ciudades y el mayor consumo de carne, que incrementa la demanda de granos forrajeros.

    El consumo de soja de China aumentó 160% entre 2000 y 2011 cuando fueron removidas las barreras a las importaciones al incorporarse a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001.

    Al mismo tiempo, el área sembrada de soja se redujo más de 20% en ese periodo; y esto sucedió por dos razones fundamentales: en primer lugar, la soja importada ofreció un menor precio, con una diferencia de entre 45 y 90 dólares por tonelada; y luego, el hecho de que las empresas productoras de aceite y harina de soja reclamaron porotos de mayor calidad, y esos son los importados, no los surgidos de la producción doméstica.

    Las importaciones de soja en China se han acelerado en los últimos cinco años, y en el periodo fiscal 2016/2017 alcanzaron a 86 millones de toneladas. Mientras tanto, en la etapa 2015/2016 las compras en el exterior llegaron a 82,5 millones de toneladas.

    El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) estima que China importará 122 millones de toneladas de soja en 2021/2022 con una tendencia que se intensifica a partir de entonces y alcanzaría a 200 millones de toneladas en 2025.

    Esta tendencia ascendente coincide con la de signo contrario de reducción del área sembrada de soja, que disminuiría más de 40% en los próximos 10 años.

    El primer y decisivo dato sobre la producción agroalimentaria de la República Popular al concluir la segunda década del siglo es que casi 300 millones de campesinos pasarían del campo a las ciudades en 2030; y el segundo, estructuralmente todavía más importante, es que más de 40% de la producción agroalimentaria ya es realizada por las grandes corporaciones agroalimentarias en este momento, cuya actividad se orienta exclusivamente hacia los sectores más redituables, como la carne de cerdo, los lácteos, y crecientemente la producción de carne vacuna.

    Estas grandes corporaciones se constituyen a través de la compra en gran escala de los derechos de uso sobre la tierra de los campesinos, cuya vigencia es de más de 30 años, y que se han monetizado completamente, lo que implica recursos adicionales para los productores que pasan del campo a las ciudades.

    El objetivo del gobierno es movilizar la riqueza agraria de la República Popular, cuyo valor se estima en 20,6 billones de dólares –el doble del PBI-, y que hoy está virtualmente paralizada.

    Lo que sucede en China en materia agroalimentaria es que se está unificando el mercado de tierras rural y urbano, otorgando similares derechos e iguales sistemas de precios tanto a los pobladores urbanos como a los rurales; y esto ocurre cuando la población campesina se reduce en casi 300 millones de personas en los próximos 12 años.

    La tendencia demográfica central de la República Popular es la siguiente: la población urbana es 56% del total, y sería 60% en 2020, 65% en 2025 y 72% en 2030.

    China tiene hoy 102 ciudades de más de 1 millón de habitantes, y otras 63 urbes con 5 millones de habitantes o más; y este universo urbano aumentaría más de 40% en 2030, ante todo en las provincias del interior, sobre todo las situadas en el centro y el oeste.

    Fuente: Clarín

  • La revolución electrónica de la maquinaria agrícola

    Se recogerán datos en tiempo real, la máquina tendrá “bibliotecas” y se ejecutarán decisiones y ajustes en el momento.

    INTA Manfredi

    Especial para Clarín Rural

    La maquinaria agrícola del 2030 es difícil de predecirla. Sin embargo, sí se puede anticipar que la “revolución” estará en la electrónica, software, comunicaciones y conectividad, robotización, innovadores sensores capaces de identificar todo tipo de variables productivas.

    Los sensores serán la herramienta del futuro por excelencia ya que ayudarán a recoger datos que alimentarán softwares con inteligencia. Estos estarán montados sobre la máquina, o bien operativos sobre una nube web interconectada con la herramienta. La máquina tendrá “bibliotecas” para transformarlos la información agronómica útil y elaborar un diagnóstico que modifica el comportamiento de la maquina en tiempo real. Pero esto no es todo.

    Como parte de este universo también están los actuadores, otra pieza fundamental de esta matriz tecnológica. Por ejemplo, para tomar una dimensión de lo que se viene, el sensor de Precisión Planting 2018 colocado en la cola pisa el grano de la sembradora, mide la humedad de suelo, materia orgánica y limpieza del surco y ordena al metro siguiente el cambio de densidad de siembra con la precisión uno o dos metros cuadrados de nivel de definición, lo que revoluciona el manejo de la microvariabilidad.

    Por su parte, las máquinas autopropulsadas tendrán una fuente de energía provista de un motor a combustión interna alimentado por gas-oil, biodiésel, metano o bien híbridos, no, aunque tampoco hay que descartar el uso del hidrógeno como fuente alternativa.

    Estos motores alimentarán un generador eléctrico y una bomba hidráulica. Los movimientos precisos de bajo requerimiento de potencia serán eléctricos. Los motores hidráulicos de alta demanda de potencia, no tendrán engranajes, cadenas, poleas o correas. Sólo mangueras y cables inteligentes.

    La conectividad será normalizada electrónicamente por ISO BUS, o sea ajuste del lenguaje de conectividad máquina de diferentes marcas de tractores. También en el 2018/19 serán cada día más normales los equipos con ISO BUS 3 donde los sensores de la máquina traccionada gobiernan al tractor, ordenan avanzar, parar, accionar hidráulicos, funcionar a más o menos velocidad de acuerdo a la variabilidad del lote.

    Asimismo, habrá cada día menos máquinas por hectárea y de mayor tamaño y capacidad operativa. La globalización en la producción primaria de biomasa será cada día mayor, los productores arraigados y la ruralidad se desarrollará a partir de sistemas productivos que agreguen valor en origen a esa biomasa obtenida de cada metro cuadrado del campo.

    Producir en origen seguirá un proceso de industrialización continuando con las transformaciones en proteína animal y también la bioenergía en origen y la energía renovable aportarán a los procesos integrales de alimentos de góndola, todo realizado con crecimiento ordenado en parques agroalimentarios siguiendo procesos de buenas prácticas agrícolas, ganaderas y de manufacturas. También aparecen los procesos de biorefinería, energía de diferentes formas de biomasa.

    Este tema de industrializar y transformar la biomasa en origen desconcentrado territorialmente responde a un razonamiento lógico del manejo de los efluentes pecuarios e industriales, que hoy se evalúa y controla como un costo ambiental y económico insostenible.

    La trazabilidad de productos y procesos, con códigos QR y otros métodos serán priorizados, el comprador de un alimento argentino de cualquier parte del mundo sabrá qué y cómo se le dio origen a ese alimento desde la elección genética, el lote y el manejo hasta la góndola, con un seguimiento certificado de proceso que asegure inocuidad y respeto por las normas de mercados exigentes.

    Fuente: Clarín

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