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Cuáles son las nuevas tecnologías para ser más productivos y sustentables.

La robótica se expresó en sus orígenes en muchas de las actividades de la industria de avanzada, pero con el tiempo ocupó espacios en casi todos los rubros de la actividad económica. El sector agroindustrial no estuvo ajeno a la incorporación de estas nuevas ofertas tecnológicas en función de mejorar métodos, dispositivos y tecnologías. Hoy es posible encontrar robots integrados a los procesos productivos.

Pensar que en el futuro cercano no serán las máquinas quienes decidirán, está más que claro, aunque la inteligencia artificial ayudará a tomar mejores decisiones. Frente a este desafío, el Estado tiene un rol preponderante e insustituible en profundizar la investigación y la innovación agroindustrial para transferir desde los organismos de ciencia y tecnología conocimiento sobre automatización y robotización al sector.

“Todo proceso de innovación lleva en sí mismo un alto grado de incertidumbre y riesgo que, en muchos casos, el sector privado no está dispuesto a correr y es allí donde la investigación del sector público es fundamental como puntapié inicial”, indicó Andrés Moltoni, responsable del Laboratorio de Electrónica del Instituto de Ingeniería Rural (IIR) del INTA.

Desde distintas visiones, especialistas del INTA reconocen que aquella lejana frontera de la ciencia ficción está cada vez más cerca y, en materia de desarrollos agrícolas, los robots ya se ubican en procesos de siembra, cosecha y pulverización. En poco tiempo intervendrán en la realización de acciones complejas donde distintos actores del mundo agropecuario, de las TIC y la robótica diseñarán las trayectorias y optimizarán los recursos.

Actualmente, el primer paso en la agricultura de precisión es “conocer cuál es el grado de variabilidad en el rendimiento de los cultivos para tomar decisiones de manejo que impacten en términos de beneficio económico”, destacó Juan Pablo Vélez, especialista en agricultura de precisión del INTA Manfredi -Córdoba-.

El uso cada vez más cotidiano de la tecnología en el campo agropecuario llevó a perder de vista “cuánto software y electrónica hay embebida en una sembradora de precisión o en una estación meteorológica automática. El foco de atención se lo lleva el principal portador, la máquina”, dijo Marcelo Bosch, coordinador de Observación y Promoción de Áreas Emergentes y Transversales del INTA.

Productivos y sustentables

Propuestas tecnológicas como el rolado selectivo de baja intensidad (RBI) permiten obtener ventajas como el bienestar animal y el incremento en la oferta forrajera. Para el productor, además de ofrecerle un manejo eficiente de la producción ganadera y forestal, la hace rentable.

En la región chaqueña argentina, el desafío planteado es lograr una producción ganadera y forestal sostenible en los ecosistemas naturales de la región. Los especialistas del INTA subrayan la necesidad de revertir los cambios en la vegetación original ocasionada como consecuencia de décadas de sobrepastoreo, exceso de fuego como herramienta y sobreexplotación.

Hugo Fassola, coordinador del Programa Nacional Forestales del INTA, ponderó los sistemas silvopastoriles y los consideró “la mejor alternativa para generar un mayor confort animal y fijar carbono protegiendo el suelo, manteniendo otros servicios del bosque” frente a un escenario en el que el cambio climático impactará cada vez con mayor fuerza.

Semillas conservadas

Destacadas por su gran aporte nutritivo, las legumbres resultan esenciales para la seguridad alimentaria en un mundo cada vez más demandante de alimentos. En el Banco de Germoplasma del NOA del INTA se investiga y se preservan cerca de 700 entradas de porotos primitivos y silvestres.

“Preservar las poblaciones nativas de poroto primitivo y formas silvestres beneficia el sistema agroalimentario actual y futuro”, aseguró María del Carmen Menéndez Sevillano, profesional asociada del Banco de Germoplasma del NOA del INTA Salta (BANOA).

“Los recursos genéticos se conservan porque el riesgo de perderlos es permanente”, aseguró Mariana Ferreyra –curadora del BANOA–, quien explicó: “En el NOA, la restricción progresiva del hábitat de los porotos silvestres a zonas marginales y el avance de la deforestación y el pastoreo, generaron la desaparición de algunas de las poblaciones”.

Fuente: infocampo.com.ar, 26/04/16

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