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El aporte de la tecnología transgénica en la soja ha sido fundamental para su crecimiento.

La incorporación de los cultivos transgénicos de soja y maíz, y el impulso a la siembra directa, incidió en una tercera parte del crecimiento anual de la economía uruguaya en el período 2003/04-2014/15, según reveló un estudio elaborado por la consultora Seragro.

La tecnología representó un fuerte impacto en lo productivo y en lo económico en forma directa para el sector, pero además en forma indirecta por la generación de actividad en otros rubros laborales, siendo responsable de haber creado entre 20 mil y 40 mil empleos de calidad y bien remunerados durante el período analizado, según el trabajo presentado ayer por el integrante de Seragro, Nicolás Lussich, en la Cámara Mercantil de Productos del País (CMPP).

Durante los 12 años del estudio los cultivos transgénicos marcaron una diferencia de US$ 12.077 millones con su producción y rendimientos reales frente a un escenario supuesto de cultivos sin organismos genéticamente modificados.

El conferencista explicó que la adopción de cultivos transgénicos en soja y maíz implicó un aumento promedio anual de 1,7% en el Producto Interno Bruto (PIB) en el lapso 2004-2015, durante el cual el crecimiento promedio de la economía fue de 5%.

Ese impacto es importante porque ocurre en un período donde la economía tuvo su mayor crecimiento en casi un siglo, con el empuje de la demanda externa (regional y mundial), la inversión y el crecimiento de otros sectores (celulosa, turismo, energía, etcétera), según el trabajo de Seragro.

También resulta relevante que del 1,7% de aumento anual que significaron estos cultivos en el PIB, más de un tercio responde al efectos directo del uso de esta tecnología en soja y maíz, pero además 63% responde al impacto indirecto en el resto de la economía, explicó Lussich.

Los escenarios estudiados por Seragro consideraron solo los dos cultivos transgénicos de mayor incidencia en la agricultura local, como son la soja resistente a glifosato (RR) y el maíz resistente a plagas (Bt).

A nivel mundial hubo más transgénicos disponibles que no fueron adoptados por la agricultura uruguaya, por lo cual no se ha expresado el máximo potencial de esta tecnología. Igualmente se ha logrado un impacto económico de gran dimensión, demostró el trabajo.

La investigación planteó que de no haber estado disponible la soja RR su expansión habría sido más lenta porque hubiera requerido más inversión y habría implicado mayores costos.

A su vez, en el escenario sin transgénicos y con laboreo convencional, el área había avanzado en forma notoriamente más lenta, en un área menor y con costos de inversión y ejecución mayores. Igualmente hubiera crecido a menos de 800 mil hectáreas, frente a casi 1,4 millones de hectáreas logradas con transgénicos.

El uso de semillas transgénicas en soja representó entre 2004 y 2015 un ingreso adicional de US$ 4.447 millones frente a un supuesto escenario de la oleaginosa sin esa tecnología. La mayor diferencia se verificó en el ejerció 2012-2013, cuando se alcanzó una exportación de US$ 1.966 millones y la diferencia frente al escenario supuesto sin transgénicos fue de US$ 927 millones, explicó Nicolás Lussich al presentar el trabajo elaborado por la Consultora Seragro.

En el caso del maíz el plus alcanzado por los transgénicos representó US$ 305 millones en ese período de 12 años. Los cultivos de soja y maíz en conjunto tuvieron un impacto directo en la economía sectorial de US$ 4.350 millones durante 2004-2015, en tanto que en forma indirecta representó US$ 7.719 millones por su incidencia en los empleos no solo del agro, sino tambien en el comercio y la industria. Lussich remarcó que desde 2012 no se han aprobado en Uruguay nuevos eventos transgénicos.

Sin embargo, los países de la región siguieron incorporando más variedades con nuevos eventos. Así, Uruguay tiende a quedar al margen no solo de nuevos eventos, sino de las últimas variedades, lo que puede significar un mayor retraso relativo en su productividad agrícola, dijo Lussich.

La incorporación de cultivos genéticamente modificados en las plantaciones de soja y maíz ha tenido también un fuerte impacto en el cuidado ambiental y de los recursos. Sobresale un mejor control de la erosión, mayor recuperación de la fertilidad de suelos, menor consumo de combustibles fósiles, mayor secuestro de carbono y menor impacto sobre la salud humana. También se destaca la reducción en el uso de herbicidas con mayor poder residual, reducción en el uso de otros agroquímicos y un aumento en el uso del agua, destacó a El Observador Nicolás Lussich, luego de presentar el estudio de Seragro en la Cámara Mercantil de Productos del País.

Fuente: El Observador

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    Fuente: AgroClave

     

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