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La Jatropha curcas es una de las plantas autóctonas menos conocidas en México, pese a que tiene más de tres mil 500 especies, está presente en diversos estados del país y se le atribuye gran variedad de nombres como coquito, capate, tempate, piñoncillo, higos del duende o purga de fraile, entre otros.

Ante este desconocimiento general, en instalaciones del Colegio de Postgraduados campus Veracruz, a cargo de los doctores Arturo Pérez, Eliseo García y Leobigildo Córdoba, establecieron un banco de germoplasma de Jatropha curcas en 2013.

A partir del 2015, el Colegio de Veracruz, en conjunto con el Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana, liderados por el doctor Odilón Sánchez, evalúa el comportamiento productivo de algunas especies para conocer su potencial en el ámbito de la producción de biocombustible y los cultivos de baja toxicidad como una opción alimenticia.

¿Cómo es la Jatropha curcas?

Pertenece a la familia botánica de las Euforbiáceas. Es un arbusto caducifolio, originario de México y Centroamérica que alcanza hasta seis metros de altura. Comienza la producción de sus frutos a partir de uno o dos años después de su siembra y puede permanecer productivo entre 30 y 40 años.

El objetivo de esta colecta fue realizar un estudio minucioso para determinar la productividad y contenido de aceite de cuatro procedencias de Jatropha curcas durante dos periodos de cosecha, así como registrar plagas y enfermedades e iniciar la base de datos requerida para obtener el registro de origen del germoplasma no tóxico de Jatropha curcas en el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS).

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Ofelia Andrea Valdés Rodríguez, doctora en ecología tropical por el Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana y quien coordina la investigación, detalló que el uso inicial por el cual se propuso el proyecto fue como biocombustible; sin embargo, se ideó la posibilidad de estudiar las especies no tóxicas como una potencial fuente de alimento.

“Hay varios estudios que se han hecho con formas no tóxicas del estado de Veracruz y son consumidas por la cultura totonaca. Estas especies tienen bajos contenidos de los ésteres de forbol que son las sustancias tóxicas. En nuestras colectas tomamos en cuenta este aspecto y tenemos algunas especies con las que además de que se puede extraer el aceite con fines de biodiesel, también se puede hacer, con lo que llaman la torta residual, harina con fines alimenticios”, expuso.

Jatropha como fuente de biodiesel

El biodiesel es un combustible que puede obtenerse a partir de cualquier aceite vegetal o grasa animal, que genera menos emisiones de monóxido de carbono que el de origen mineral. Para lograr este combustible, la investigadora detalla que es necesario extraer el aceite de la semilla y mezclarlo con un alcohol más un catalizador, con lo cual se produce un proceso llamado transesterificación.

“Este biocombustible se produce a partir del aceite que es un proceso que se llama transesterificación donde se produce el biodiesel. Además, como subproductos derivados de este proceso se obtiene la glicerina y una pasta residual útil para producir abono o alimento para ganado, previo a un proceso de detoxificación”, detalló.

El Colegio de Veracruz cuenta con la línea de investigación en cultivos bioenergéticos a cargo de la doctora Ofelia Andrea Valdés, con la colaboración del doctor Arturo Pérez Vásquez, del Colegio de Postgraduados, y a través de las estancias posdoctorales de la doctora Olivia Palacios Wassenaar (beca Conacyt) y de la doctora Gabina Sol Quintas (beca Fondo Sectorial Sener-Conacyt-Sustentabilidad Energética) se evalúa el balance energético del proceso de producción del aceite de Jatropha curcas.

El peligro tóxico

La planta y las semillas contienen altas dosis de compuestos denominados ésteres de forbol que no se destruyen con el calor. Son altamente tóxicos para animales mamíferos y peces. Provocan vómito y diarrea.

Uno de los resultados de esta línea de investigación es el hallazgo de semillas nativas con altos porcentajes de aceite (40 por ciento a 55 por ciento), sin requerir de riego, por lo que se considera como un gran potencial como cultivo bioenergético. No obstante, como un hallazgo negativo, se observó gran incidencia de plagas que contribuyen a disminuir su productividad.

Jatropha curcas en los alimentos

Asimismo, en el marco de la investigación, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) Huimanguillo, en conjunto con otras instituciones, realiza estudios sobre la incorporación de harina de Jatropha curcas a la harina de trigo y maíz en la elaboración de productos como la tortilla, galletas, pizza, hot cakes, pan, para verificar la hipótesis de que la adición de esta harina fortifica nutricionalmente los alimentos.

“La harina se puede consumir por animales o por personas o se puede usar para fortificar algunas otras harinas porque tiene alto contenido de proteína. Estamos en esta fase de evaluar las plantaciones”, detalló Valdés Rodríguez.

Según los estudios preliminares, se ha logrado comprobar el aumento de proteína en tortillas de maíz, de 4.6 por ciento hasta 11 por ciento, al incorporar harina de Jatropha curcas y en las galletas se incrementó de nueve por ciento a 16 por ciento, sin afectar ninguna de sus propiedades como el sabor, textura u olor.

Por Janet Cacelín/ Agencia Informativa Conacyt

Fuente: biodiesel.com.ar, 17/08/16

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