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Mientras transcurre la última etapa de la cosecha de soja se observan las consecuencias que generaron los fenómenos climáticos en la zafra. La importante sequía que se instaló en enero afectó el rendimiento de los cultivos y los fuertes temporales de abril, con excesivos volúmenes de lluvias, afectaron la calidad de los granos.

Los peores resultados en rendimiento y calidad se observan en las zonas este y noreste, los resultados son dispares en el centro y litoral norte, mientras que los mejores resultados se presentan en las chacras del litoral y sur.

“Hay de todo tipo de rendimiento, pero como mínimo estamos con 30% de rendimientos por debajo del año pasado. Aún no sabemos de cuánto será el rendimiento promedio, porque resta cosechar alrededor del 45% del área. Hay mucha gente que dice que lo que queda por cosechar está mejor que lo que se cosechó primero, y en otras zonas de alto dañado dicen que mejorará la calidad, pero hoy es seguro que el rendimiento se ubica 30% por debajo del año pasado”, dijo Germán Bremermann, gerente comercial de Erro, a El Observador.

El empresario recordó que el promedio país el año pasado fue de 2.300 kilos por hectárea, por lo tanto la producción ahora se ubicaría entre 1.600 o 1.800 kilos. “Es un rendimiento muy bajo, y cuando se analiza respecto a los rendimientos de equilibrio para poder empatar, estamos muy por debajo”, comentó.

Sobre el rendimiento de equilibrio para que le cierren las cuentas al productor, Bremermann explicó que el productor que alquila la tierra y también todos los servicios, tiene un rendimiento de equilibrio de 2.500 kilos por hectárea; el productor que alquila la tierra pero maneja él los servicios tiene un costo de 2.400 o 2.500 kilos por hectárea; y el productor que es dueño de la maquinaria y de la tierra tiene un rendimiento de equilibrio del alrededor de 2.000 kilos por hectárea.

Consideró que se va superando el 50% o 55% de la cosecha, considerando todo el país, con zonas donde se cosechó 65% y otras donde se levantó 35% o 40% del área.

Por su parte Gonzalo Reynoso, gerente técnico de Agroterra, indicó que en la región de Young hacia el norte ya se levantó entre 80% y 90% del área. Coincidió con Bremermann en que los promedios serán bajos, inferiores a los rendimientos de equilibrio necesarios para cubrir los costos (entre 2.000 y 2.200 kilos por hectárea, según estimó).

“Ahora se están cosechando lotes que están rindiendo poco y habrá que ver a qué nivel se ubicará el promedio, pero supongo que estará entre 1.700 y 1.900 kilos de chacra. A eso hay que aplicarle además los descuentos por calidad, que se ubica entre 10% y 12% de dañado”, dijo.

En general, los acopios tienen como base aceptar 8% de grano dañado, por encima de 8% descuentan 1% del precio por 1% de dañado. Por lo tanto si llega un lote con 12% de dañado, el descuento es de 4%.

Reynoso comentó que a los exportadores les llegan muchos viajes con 20% y hasta 50% de grano dañado, que están muy lejos de la base aceptada. “Es probable que las sojas con más de 20% de dañado se pagarán como otro producto, no como soja. Hasta no terminar la cosecha no sabemos dónde estamos parados”, dijo el agrónomo a El Observador.

Al respecto Bremermann señaló que en Erro no creen que la calidad genere problemas que impidan exportar. “A los clientes que trabajan con la empresa no les exigimos máximo de dañado. Que el cliente nos entregue lo que tenga y después le buscaremos una solución. Obviamente tendrá sus descuentos, sus diferenciales de precios, pero solución le vamos a encontrar”, subrayó.

 

Las enseñanzas que deja una mala zafra

El cierre de la zafra sojera deja situaciones muy complejas desde el punto de vista financiero. El gerente técnico de Agroterra, Gonzalo Reynoso, reconoció que los que vendrán serán años complicados, porque las reservas que los productores podrían haber generado en los años buenos se agotaron luego de dos cosechas consecutivas que fueron muy malas.

Otra de las enseñanzas que quedan después de esta zafra es que los productores que estén en campos mediocres “no tienen ninguna posibilidad de recuperarse, porque en esta zona (Young), por más seca que hayamos tenido no podemos sacar 1.700 kilos de promedio”, dijo.

“No llovió acá ni en Dolores, sin embargo en Dolores están sacando 2.200 kilos por hectárea. Por lo tanto hay un tema de calidad de campos que está pesando muchísimo, y que seguirá marcando diferencias cada vez más grandes”, concluyó.

 

Fuente: agromeat.com, 11/05/16

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  • Descubrieron cómo convertir arena del desierto en tierra fértil para la siembra de cultivos

    Se trata de “NanoClay “, es una arcilla líquida que permite que los suelos áridos del desierto, se conviertan en un lugar óptimo para la siembra.

    Quienes crearon este producto, fueron científicos que la empresa Desert Control, fundada por el científico noruego Kristian Olesen. Desarrollaron esta tecnología llamada Liquid NanoClay “Nano Arcilla Líquida” (LNC) que combina las nanopartículas de arcilla y agua para transformarlas en un nuevo material.

    Los investigadores aseguran que la arena desértica tiene una baja capacidad de retención de líquidos, lo cual hace que sea prácticamente imposible cultivar.

    Cuando se mezcla con la arena del desierto, el LNC permite que el suelo arenoso retenga el agua haciendo del desierto un suelo fértil, según indican. Cambia completamente sus propiedades físicas.

    El proceso para transformar el suelo árido en fértil es “muy simple”. Según indican, “el componente se aplica en el sistema de irrigación común a lo largo del área que queramos tratar. El suelo con el nuevo componente conserva el agua como una esponja, creando una capa de 40 a 60 cm de tierra fértil”.

    “Este proceso no incorpora ningún agente químico. Puede convertir cualquier suelo arenoso de mala calidad en tierras agrícolas de alto rendimiento en sólo siete horas. El suelo requiere un retratamiento del 15%-20% después de cuatro o cinco años si la tierra está labrada y si no está labrada, el tratamiento dura más tiempo” indican desde la compañía.

    Realizaron a la vez, pruebas en el desierto de los Emiratos Arabes, una región que se necesita tres veces más agua para la irrigación en comparación con lugares de clima templado, el consumo de agua se redujo en un 50%, lo que garantiza el doble de la superficie de siembra con la misma cantidad de agua.

    “El costo del tratamiento por hectárea de desierto varía de $1,800-$9,500 (£1,300-£6,900) dependiendo del tamaño del proyecto, lo que actualmente lo hace demasiado caro para la mayoría de los agricultores” indicó uno de los investigadores y agregó que “la idea de la empresa es vender inicialmente la arcilla líquida a los gobiernos, para después continuar con el sector privado”.

    Fuente: Infocampo.com

  • China sigue los pasos de Argentina para la conservación de suelos

    Aplicarán un reglamento de prácticas agrícolas para frenar la erosión producida por la labranza y los cultivos extensivos en los suelos negros del noreste.

    (Xinhua) - Un reglamento para la conservación del suelo negro entrará en vigor el próximo 1 de julio en la provincia de Jilin, noreste de China.

    El documento legal, que también fija el 25 de junio como el Día de la Conservación del Suelo Negro de Jilin, especifica cómo controlar la pérdida del suelo, aumentar la densidad de materia orgánica y preservar la humedad y la fertilidad del suelo.

    "El reglamento llena un vacío legal y fortalecerá la protección del suelo negro", dijo Yu Ping, miembro de la Comisión de Asuntos Legislativos del Comité Permanente de la Asamblea Popular Provincial de Jilin.

    El suelo negro, que en China cubre las provincias de Heilongjiang, Liaoning y Jilin y parte de la región autónoma de Mongolia Interior, es una de las tres áreas de suelo negro más grandes del mundo.

    Debido a su alta densidad de materia orgánica, es muy adecuado para la agricultura. Sin embargo, los cultivos a largo plazo y el uso excesivo de fertilizantes han causado la degeneración de los suelos, amenazando el medio ambiente y la producción de granos.

    Estudios realizados en la zona dan cuenta de que el espesor del suelo ha disminuido drásticamente de más de 60 centímetros en 1950 a menos de 30 cm en la actualidad.

    Fuente: Clarín

     

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